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Tuesday of the Fifth Week in Ordinary Time

Reading 1 Gn 1:20—2:4a

God said,
“Let the water teem with an abundance of living creatures,
and on the earth let birds fly beneath the dome of the sky.”
and so it happened:
God created the great sea monsters
and all kinds of swimming creatures with which the water teems,
and all kinds of winged birds.
God saw how good it was, and God blessed them, saying,
“Be fertile, multiply, and fill the water of the seas;
and let the birds multiply on the earth.”
Evening came, and morning followed–the fifth day.

Then God said,
“Let the earth bring forth all kinds of living creatures:
cattle, creeping things, and wild animals of all kinds.”
and so it happened:
God made all kinds of wild animals, all kinds of cattle,
and all kinds of creeping things of the earth.
God saw how good it was.
Then God said:
“Let us make man in our image, after our likeness.
Let them have dominion over the fish of the sea,
the birds of the air, and the cattle,
and over all the wild animals
and all the creatures that crawl on the ground.”

God created man in his image;
in the divine image he created him;
male and female he created them.

God blessed them, saying:
“Be fertile and multiply;
fill the earth and subdue it.
Have dominion over the fish of the sea, the birds of the air,
and all the living things that move on the earth.”
God also said:
“See, I give you every seed-bearing plant all over the earth
and every tree that has seed-bearing fruit on it to be your food;
and to all the animals of the land, all the birds of the air,
and all the living creatures that crawl on the ground,
I give all the green plants for food.”
And so it happened.
God looked at everything he had made, and he found it very good.
Evening came, and morning followed–the sixth day.

Thus the heavens and the earth and all their array were completed.
Since on the seventh day God was finished with the work he had been doing,
he rested on the seventh day from all the work he had undertaken.
So God blessed the seventh day and made it holy,
because on it he rested from all the work he had done in creation.

Such is the story of the heavens and the earth at their creation.

Responsorial Psalm Ps 8:4-5, 6-7, 8-9

R. (2ab) O Lord, our God, how wonderful your name in all the earth!
When I behold your heavens, the work of your fingers,
the moon and the stars which you set in place—
What is man that you should be mindful of him,
or the son of man that you should care for him?
R. O Lord, our God, how wonderful your name in all the earth!
You have made him little less than the angels,
and crowned him with glory and honor.
You have given him rule over the works of your hands,
putting all things under his feet.
R. O Lord, our God, how wonderful your name in all the earth!
All sheep and oxen,
yes, and the beasts of the field,
The birds of the air, the fishes of the sea,
and whatever swims the paths of the seas.
R. O Lord, our God, how wonderful your name in all the earth!

Alleluia Ps 119:36, 29b

R. Alleluia, alleluia.
Incline my heart, O God, to your decrees;
And favor me with your law.
R. Alleluia, alleluia.

Gospel Mk 7:1-13

When the Pharisees with some scribes who had come from Jerusalem
gathered around Jesus,
they observed that some of his disciples ate their meals
with unclean, that is, unwashed, hands.
(For the Pharisees and, in fact, all Jews,
do not eat without carefully washing their hands,
keeping the tradition of the elders.
And on coming from the marketplace
they do not eat without purifying themselves.
And there are many other things that they have traditionally observed,
the purification of cups and jugs and kettles and beds.)
So the Pharisees and scribes questioned him,
“Why do your disciples not follow the tradition of the elders
but instead eat a meal with unclean hands?”  
He responded,
“Well did Isaiah prophesy about you hypocrites,
as it is written:

This people honors me with their lips,
but their hearts are far from me;
in vain do they worship me,
teaching as doctrines human precepts.

You disregard God’s commandment but cling to human tradition.”
He went on to say,
“How well you have set aside the commandment of God
in order to uphold your tradition!
For Moses said,
Honor your father and your mother,
and Whoever curses father or mother shall die.
Yet you say,
‘If someone says to father or mother,
“Any support you might have had from me is qorban”‘
(meaning, dedicated to God),
you allow him to do nothing more for his father or mother.
You nullify the word of God
in favor of your tradition that you have handed on.
And you do many such things.”

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Lectionary for Mass for Use in the Dioceses of the United States, second typical edition, Copyright © 2001, 1998, 1997, 1986, 1970 Confraternity of Christian Doctrine; Psalm refrain © 1968, 1981, 1997, International Committee on English in the Liturgy, Inc. All rights reserved. Neither this work nor any part of it may be reproduced, distributed, performed or displayed in any medium, including electronic or digital, without permission in writing from the copyright owner.

Martes de la V semana del Tiempo ordinario

Primera lectura Gn 1, 20–2, 4

Dijo Dios: “Agítense las aguas con un hervidero de seres vivientes y revoloteen sobre la tierra las aves, bajo la bóveda del cielo”. Creó Dios los grandes animales marinos y los vivientes que en el agua se deslizan y la pueblan, según su especie. Creó también el mundo de las aves, según sus especies. Vio Dios que era bueno y los bendijo, diciendo: “Sean fecundos y multiplíquense; llenen las aguas del mar; que las aves se multipliquen en la tierra”. Fue la tarde y la mañana del quinto día.

Dijo Dios: “Produzca la tierra vivientes, según sus especies: animales domésticos, reptiles y fieras, según sus especies”. Y así fue. Hizo Dios las fieras, los animales domésticos y los reptiles, cada uno según su especie. Y vio Dios que era bueno.

Dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine a los peces del mar, a las aves del cielo, a los animales domésticos y a todo animal que se arrastra sobre la tierra”.

Y creó Dios al hombre a su imagen;
a imagen suya lo creó;
hombre y mujer los creó.

Y los bendijo Dios y les dijo: “Sean fecundos y multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todo ser viviente que se mueve sobre la tierra”.

Y dijo Dios: “He aquí que les entrego todas las plantas de semilla que hay sobre la faz de la tierra, y todos los árboles que producen fruto y semilla, para que les sirvan de alimento. Y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todos los seres que respiran, también les doy por alimento las verdes plantas”. Y así fue. Vio Dios todo lo que había hecho y lo encontró muy bueno. Fue la tarde y la mañana del sexto día.

Así quedaron concluidos el cielo y la tierra con todos sus ornamentos, y terminada su obra, descansó Dios el séptimo día de todo cuanto había hecho. Dios bendijo el séptimo día y lo consagró, porque ese día cesó de trabajar en la creación del universo.

Ésta es la historia de la creación del cielo y de la tierra.

Salmo Responsorial Salmo 8, 4-5. 6-7. 8-9

R. (2a) ¡Que admirable, Señor, es tu poder!
Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos,
la luna y las estrellas, que has creado, me pregunto:
¿Qué es el hombre, para que de él te acuerdes;
ese pobre ser humano, para que de él te preocupes?
R. ¡Que admirable, Señor, es tu poder!
Sin embargo, lo hiciste un poquito inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos,
y todo lo sometiste bajo sus pies.
R. ¡Que admirable, Señor, es tu poder!
Pusiste a su servicio los rebaños y las manadas,
todos los animales salvajes,
las aves del cielo y los peces del mar,
que recorren los caminos de las aguas.
R. ¡Que admirable, Señor, es tu poder!

Aclamación antes del Evangelio Salmo 118, 36. 29

R. Aleluya, aleluya.
Inclina, Dios mío, mi corazón a tus preceptos
y dame la gracia de cumplir tu voluntad.
R. Aleluya.

Evangelio Mc 7, 1-13

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los fariseos y algunos escribas, venidos de Jerusalén. Viendo que algunos de los discípulos de Jesús comían con las manos impuras, es decir, sin habérselas lavado, los fariseos y los escribas le preguntaron: “¿Por qué tus discípulos comen con manos impuras y no siguen la tradición de nuestros mayores?” (Los fariseos y los judíos, en general, no comen sin lavarse antes las manos hasta el codo, siguiendo la tradición de sus mayores; al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones, y observan muchas otras cosas por tradición, como purificar los vasos, las jarras y las ollas).

Jesús les contestó: “¡Qué bien profetizó Isaías sobre ustedes, hipócritas, cuando escribió: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Es inútil el culto que me rinden, porque enseñan doctrinas que no son sino preceptos humanos. Ustedes dejan a un lado el mandamiento de Dios, para aferrarse a las tradiciones de los hombres”.

Después añadió: “De veras son ustedes muy hábiles para violar el mandamiento de Dios y conservar su tradición. Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre. El que maldiga a su padre o a su madre, morirá. Pero ustedes dicen: ‘Si uno dice a su padre o a su madre: Todo aquello con que yo te podría ayudar es corbán (es decir, ofrenda para el templo), ya no puede hacer nada por su padre o por su madre’. Así anulan la palabra de Dios con esa tradición que se han transmitido. Y hacen muchas cosas semejantes a ésta”.

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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

Memoria de San Pablo Miki y compañeros, mártires

Primera lectura Gn 1, 1-19

En el principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era soledad y caos; y las tinieblas cubrían la faz del abismo. El espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas.

Dijo Dios: “Que exista la luz”, y la luz existió. Vio Dios que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas. Llamó a la luz “día” y a las tinieblas, “noche”. Fue la tarde y la mañana del primer día.

Dijo Dios: “Que haya un bóveda entre las aguas, que separe unas aguas de otras”. E hizo Dios una bóveda y separó con ella las aguas de arriba, de las aguas de abajo. Y así fue. Llamó Dios a la bóveda “cielo”. Fue la tarde y la mañana del segundo día.

Dijo Dios: “Que se junten las aguas de debajo del cielo en un solo lugar y que aparezca el suelo seco”. Y así fue. Llamó Dios “tierra” al suelo seco y “mar” a la masa de las aguas. Y vio Dios que era bueno.

Dijo Dios: “Verdee la tierra con plantas que den semillas y árboles que den fruto y semilla, según su especie, sobre la tierra”. Y así fue. Brotó de la tierra hierba verde, que producía semilla, según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla, según su especie. Y vio Dios que era bueno. Fue la tarde y la mañana del tercer día.

Dijo Dios: “Que haya lumbreras en la bóveda del cielo, que separen el día de la noche, señalen las estaciones, los días y los años, y luzcan en la bóveda del cielo para iluminar la tierra”. Y así fue. Hizo Dios las dos grandes lumbreras: la lumbrera mayor para regir el día y la menor, para regir la noche; y también hizo las estrellas. Dios puso las lumbreras en la bóveda del cielo para iluminar la tierra, para regir el día y la noche, y separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. Fue la tarde y la mañana del cuarto día.

Salmo Responsorial Salmo 103, 1-2a. 5-6. 10 y 12. 24 y 35c

R. (31b) Bendice al Señor, alma mía.
Bendice al Señor, alma mía;
Señor y Dios mío, inmensa es tu grandeza.
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto.
R. Bendice al Señor, alma mía.
Sobre bases inconmovibles
asentaste la tierra para siempre.
Con un vestido de mares cubriste
y las aguas en los montes concentraste.
R. Bendice al Señor, alma mía.
En los valles haces brotar las fuentes,
que van corriendo entre montañas;
junto al arroyo vienen a vivir las aves,
que cantan entre las ramas.
R. Bendice al Señor, alma mía.
¡Qué numerosas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con maestría!
La tierra está llena de tus creaturas.
Bendice al Señor, alma mía.
R. Bendice al Señor, alma mía.

Aclamación antes del Evangelio Cfr Mt 4, 23

R. Aleluya, aleluya.
Jesús proclamaba el Evangelio del Reino
y curaba a la gente de toda enfermedad.
R. Aleluya.

Evangelio Mc 6, 53-56

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos terminaron la travesía del lago y tocaron tierra en Genesaret.

Apenas bajaron de la barca, la gente los reconoció y de toda aquella región acudían a él, a cualquier parte donde sabían que se encontraba, y le llevaban en camillas a los enfermos.

A dondequiera que llegaba, en los poblados, ciudades o caseríos, la gente le ponía a sus enfermos en la calle y le rogaba que por lo menos los dejara tocar la punta de su manto; y cuantos lo tocaban, quedaban curados.

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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

Memorial of Saint Paul Miki and Companions, Martyrs

Reading 1 Gn 1:1-19

In the beginning, when God created the heavens and the earth,
the earth was a formless wasteland, and darkness covered the abyss,
while a mighty wind swept over the waters.

Then God said,
“Let there be light,” and there was light.
God saw how good the light was.
God then separated the light from the darkness.
God called the light “day,” and the darkness he called “night.”
Thus evening came, and morning followed–the first day.

Then God said,
“Let there be a dome in the middle of the waters,
to separate one body of water from the other.”
And so it happened:
God made the dome,
and it separated the water above the dome from the water below it.
God called the dome “the sky.”
Evening came, and morning followed–the second day.

Then God said,
“Let the water under the sky be gathered into a single basin,
so that the dry land may appear.”
And so it happened:
the water under the sky was gathered into its basin,
and the dry land appeared.
God called the dry land “the earth,”
and the basin of the water he called “the sea.”
God saw how good it was.
Then God said,
“Let the earth bring forth vegetation:
every kind of plant that bears seed
and every kind of fruit tree on earth
that bears fruit with its seed in it.”
And so it happened:
the earth brought forth every kind of plant that bears seed
and every kind of fruit tree on earth that
bears fruit with its seed in it.
God saw how good it was.
Evening came, and morning followed–the third day.

Then God said:
“Let there be lights in the dome of the sky,
to separate day from night.
Let them mark the fixed times, the days and the years,
and serve as luminaries in the dome of the sky,
to shed light upon the earth.”
And so it happened:
God made the two great lights,
the greater one to govern the day,
and the lesser one to govern the night;
and he made the stars.
God set them in the dome of the sky,
to shed light upon the earth,
to govern the day and the night,
and to separate the light from the darkness.
God saw how good it was.
Evening came, and morning followed–the fourth day.

Responsorial Psalm Ps 104:1-2a, 5-6, 10 and 12, 24 and 35c

R. (31b) May the Lord be glad in his works.
Bless the LORD, O my soul!
O LORD, my God, you are great indeed!
You are clothed with majesty and glory,
robed in light as with a cloak.
R. May the Lord be glad in his works.
You fixed the earth upon its foundation,
not to be moved forever;
With the ocean, as with a garment, you covered it;
above the mountains the waters stood.
R. May the Lord be glad in his works.
You send forth springs into the watercourses
that wind among the mountains.
Beside them the birds of heaven dwell;
from among the branches they send forth their song.
R. May the Lord be glad in his works.
How manifold are your works, O LORD!
In wisdom you have wrought them all—
the earth is full of your creatures;
Bless the LORD, O my soul! Alleluia.
R. May the Lord be glad in his works.

Alleluia Mt 4:23

R. Alleluia, alleluia.
Jesus preached the Gospel of the Kingdom
and cured every disease among the people.
R. Alleluia, alleluia.

Gospel Mk 6:53-56

After making the crossing to the other side of the sea,
Jesus and his disciples came to land at Gennesaret
and tied up there.
As they were leaving the boat, people immediately recognized him.
They scurried about the surrounding country
and began to bring in the sick on mats
to wherever they heard he was.
Whatever villages or towns or countryside he entered,
they laid the sick in the marketplaces
and begged him that they might touch only the tassel on his cloak;
and as many as touched it were healed.

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Fifth Sunday in Ordinary Time

Reading 1 Is 58:7-10

Thus says the LORD:
Share your bread with the hungry,
shelter the oppressed and the homeless;
clothe the naked when you see them,
and do not turn your back on your own.
Then your light shall break forth like the dawn,
and your wound shall quickly be healed;
your vindication shall go before you,
and the glory of the LORD shall be your rear guard.
Then you shall call, and the LORD will answer,
you shall cry for help, and he will say: Here I am!
If you remove from your midst
oppression, false accusation and malicious speech;
if you bestow your bread on the hungry
and satisfy the afflicted;
then light shall rise for you in the darkness,
and the gloom shall become for you like midday.

Responsorial Psalm Ps 112:4-5, 6-7, 8-9

R. (4a) The just man is a light in darkness to the upright.
or:
R. Alleluia.
Light shines through the darkness for the upright;
he is gracious and merciful and just.
Well for the man who is gracious and lends,
who conducts his affairs with justice.
R. The just man is a light in darkness to the upright.
or:
R. Alleluia.
He shall never be moved;
the just one shall be in everlasting remembrance.
An evil report he shall not fear;
his heart is firm, trusting in the LORD.
R. The just man is a light in darkness to the upright.
or:
R. Alleluia.
His heart is steadfast; he shall not fear.
Lavishly he gives to the poor;
His justice shall endure forever;
his horn shall be exalted in glory.
R. The just man is a light in darkness to the upright.
or:
R. Alleluia.

Reading 2 1 Cor 2:1-5

When I came to you, brothers and sisters,
proclaiming the mystery of God,
I did not come with sublimity of words or of wisdom.
For I resolved to know nothing while I was with you
except Jesus Christ, and him crucified.
I came to you in weakness and fear and much trembling,
and my message and my proclamation
were not with persuasive words of wisdom,
but with a demonstration of Spirit and power,
so that your faith might rest not on human wisdom
but on the power of God.

Alleluia Jn 8:12

R. Alleluia, alleluia.
I am the light of the world, says the Lord;
whoever follows me will have the light of life.
R. Alleluia, alleluia.

Gospel Mt 5:13-16

Jesus said to his disciples:
“You are the salt of the earth.
But if salt loses its taste, with what can it be seasoned?
It is no longer good for anything
but to be thrown out and trampled underfoot.
You are the light of the world.
A city set on a mountain cannot be hidden.
Nor do they light a lamp and then put it under a bushel basket;
it is set on a lampstand,
where it gives light to all in the house.
Just so, your light must shine before others,
that they may see your good deeds
and glorify your heavenly Father.”

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V Domingo Ordinario

Primera lectura Is 58, 7-10

Esto dice el Señor:
“Comparte tu pan con el hambriento,
abre tu casa al pobre sin techo,
viste al desnudo
y no des la espalda a tu propio hermano.

Entonces surgirá tu luz como la aurora
y cicatrizarán de prisa tus heridas;
te abrirá camino la justicia
y la gloria del Señor cerrará tu marcha.

Entonces clamarás al Señor y él te responderá;
lo llamarás y él te dirá: ‘Aquí estoy’.

Cuando renuncies a oprimir a los demás
y destierres de ti el gesto amenazador
y la palabra ofensiva;
cuando compartas tu pan con el hambriento
y sacies la necesidad del humillado,
brillará tu luz en las tinieblas
y tu oscuridad será como el mediodía”.

Salmo Responsorial Salmo 111, 4-5. 6-7. 8a y 9

R. (4a) El justo brilla como una luz en las tinieblas.
Quien es justo, clemente y compasivo,
como una luz en las tinieblas brilla.
Quienes, compadecidos, prestan
y llevan su negocio honradamente
jamás se desviarán.
R. El justo brilla como una luz en las tinieblas.
El justo no vacilará;
vivirá su recuerdo para siempre.
No temerá malas noticias,
porque en el Señor vive confiadamente.
R. El justo brilla como una luz en las tinieblas.
Firme está y sin temor su corazón.
Al pobre da limosna,
obra siempre conforme a la justicia;
su frente se alzará llena de gloria.
R. El justo brilla como una luz en las tinieblas.
 

Segunda lectura 1 Co 2, 1-5

Hermanos: Cuando llegué a la ciudad de ustedes para anunciarles el Evangelio, no busqué hacerlo mediante la elocuencia del lenguaje o la sabiduría humana, sino que resolví no hablarles sino de Jesucristo, más aún, de Jesucristo crucificado.

Me presenté ante ustedes débil y temblando de miedo. Cuando les hablé y les prediqué el Evangelio, no quise convencerlos con palabras de hombre sabio; al contrario, los convencí por medio del Espíritu y del poder de Dios, a fin de que la fe de ustedes dependiera del poder de Dios y no de la sabiduría de los hombres.

Aclamación antes del Evangelio Jn 8, 12b

R. Aleluya, aleluya.
Yo soy la luz del mundo, dice el Señor;
el que me sigue tendrá la luz de la vida.
R. Aleluya.

Evangelio Mt 5, 13-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente.

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa.

Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos”.

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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

Saturday of the Fourth Week in Ordinary Time

Reading 1 Heb 13:15-17, 20-21

Brothers and sisters:
Through Jesus, let us continually offer God a sacrifice of praise,
that is, the fruit of lips that confess his name.
Do not neglect to do good and to share what you have;
God is pleased by sacrifices of that kind.

Obey your leaders and defer to them,
for they keep watch over you and will have to give an account,
that they may fulfill their task with joy and not with sorrow,
for that would be of no advantage to you.

May the God of peace, who brought up from the dead
the great shepherd of the sheep
by the Blood of the eternal covenant,
furnish you with all that is good, that you may do his will.
May he carry out in you what is pleasing to him through Jesus Christ,
to whom be glory forever and ever.  Amen.

Responsorial Psalm Ps 23:1-3a, 3b-4, 5, 6

R. (1)  The Lord is my shepherd; there is nothing I shall want.
The LORD is my shepherd; I shall not want.
In verdant pastures he gives me repose.
Beside restful waters he leads me;
he refreshes my soul.
R. The Lord is my shepherd; there is nothing I shall want.
He guides me in right paths
for his name’s sake.
Even though I walk in the dark valley
I fear no evil; for you are at my side
With your rod and your staff
that give me courage.
R. The Lord is my shepherd; there is nothing I shall want.
You spread the table before me
in the sight of my foes;
You anoint my head with oil;
my cup overflows.  
R. The Lord is my shepherd; there is nothing I shall want.
Only goodness and kindness follow me
all the days of my life;
And I shall dwell in the house of the LORD
for years to come.
R. The Lord is my shepherd; there is nothing I shall want.

Alleluia Jn 10:27

R. Alleluia, alleluia.
My sheep hear my voice, says the Lord;
I know them, and they follow me.
R. Alleluia, alleluia.

Gospel Mk 6:30-34

The Apostles gathered together with Jesus
and reported all they had done and taught.
He said to them,
“Come away by yourselves to a deserted place and rest a while.”
People were coming and going in great numbers,
and they had no opportunity even to eat.
So they went off in the boat by themselves to a deserted place.
People saw them leaving and many came to know about it.
They hastened there on foot from all the towns
and arrived at the place before them.

When Jesus disembarked and saw the vast crowd,
his heart was moved with pity for them,
for they were like sheep without a shepherd;
and he began to teach them many things.

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Sábado de la IV semana del tiempo ordinario

Primera lectura Heb 13, 15-17. 20-21

Hermanos: Ofrezcamos continuamente a Dios, por medio de Jesucristo, el sacrificio de alabanza, es decir el homenaje de los labios que bendicen su nombre.

No se olviden nunca de practicar la generosidad y de compartir con los demás los bienes de ustedes, porque estos son los sacrificios que agradan a Dios. Obedezcan con docilidad a sus pastores, pues ellos se desvelan por ustedes, sabiendo que tienen que rendir cuentas a Dios. Así podrán ellos trabajar con alegría y sin quejarse, pues lo contrario no sería para ustedes de ningún provecho.

Que el Dios de la paz, el que, mediante la sangre de una alianza eterna, resucitó de entre los muertos al pastor eterno de las ovejas, Jesucristo, nuestro Señor, los enriquezca a ustedes con toda clase de dones para cumplir su voluntad y haga en ustedes todo lo que es de su agrado, por medio de Jesucristo, a quien sea dada la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo Responsorial Salmo 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6

R. (1) El Señor es mi pastor, nada me faltará.
El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
y hacia fuentes tranquilas me conduce
para reparar mis fuerzas.
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
Por ser un Dios fiel a sus promesas,
me guía por el sendero recto,
así, aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú estás conmigo.
Tu vara y tu cayado me dan seguridad.
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
Tú mismo me preparas la mesa,
a despecho de mis adversarios;
me unges la cabeza con perfume,
y llenas mi copa hasta los bordes.
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
Tu bondad y tu misericordia me acompañarán
todos los días de mi vida,
y viviré en la casa del Señor
por años sin término.
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.

Aclamación antes del Evangelio Jn 10, 27

R. Aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor;
yo las conozco y ellas me siguen.
R. Aleluya.

Evangelio Mc 6, 30-34

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Entonces él les dijo: “Vengan conmigo a un lugar solitario, para que descansen un poco”. Porque eran tantos los que iban y venían, que no les dejaban tiempo ni para comer.

Jesús y sus apóstoles se dirigieron en una barca hacia un lugar apartado y tranquilo. La gente los vio irse y los reconoció; entonces de todos los poblados fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron.

Cuando Jesús desembarcó, vio una numerosa multitud que lo estaba esperando y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.

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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

Friday of the Fourth Week in Ordinary Time

Reading 1 Heb 13:1-8

Let brotherly love continue.
Do not neglect hospitality,
for through it some have unknowingly entertained angels.
Be mindful of prisoners as if sharing their imprisonment,
and of the ill-treated as of yourselves,
for you also are in the body.
Let marriage be honored among all
and the marriage bed be kept undefiled,
for God will judge the immoral and adulterers.
Let your life be free from love of money
but be content with what you have,
for he has said, I will never forsake you or abandon you.
Thus we may say with confidence:

The Lord is my helper,
and I will not be afraid.
What can anyone do to me?

Remember your leaders who spoke the word of God to you.
Consider the outcome of their way of life and imitate their faith.
Jesus Christ is the same yesterday, today, and forever.

Responsorial Psalm Ps 27:1, 3, 5, 8b-9abc

R. (1a)  The Lord is my light and my salvation.
The LORD is my light and my salvation;
whom should I fear?
The LORD is my life’s refuge;
of whom should I be afraid?
R. The Lord is my light and my salvation.
Though an army encamp against me,
my heart will not fear;
Though war be waged upon me,
even then will I trust.
R. The Lord is my light and my salvation.
For he will hide me in his abode
in the day of trouble;
He will conceal me in the shelter of his tent,
he will set me high upon a rock.
R. The Lord is my light and my salvation.
Your presence, O LORD, I seek.
Hide not your face from me;
do not in anger repel your servant.
You are my helper: cast me not off.
R. The Lord is my light and my salvation.

Alleluia See Lk 8:15

R. Alleluia, alleluia.
Blessed are they who have kept the word with a generous heart,
and yield a harvest through perseverance.
R. Alleluia, alleluia.

Gospel Mk 6:14-29

King Herod heard about Jesus, for his fame had become widespread,
and people were saying,
“John the Baptist has been raised from the dead;
That is why mighty powers are at work in him.”
Others were saying, “He is Elijah”;
still others, “He is a prophet like any of the prophets.”
But when Herod learned of it, he said,
“It is John whom I beheaded. He has been raised up.”

Herod was the one who had John arrested and bound in prison
on account of Herodias,
the wife of his brother Philip, whom he had married.
John had said to Herod,
“It is not lawful for you to have your brother’s wife.”
Herodias harbored a grudge against him
and wanted to kill him but was unable to do so.
Herod feared John, knowing him to be a righteous and holy man,
and kept him in custody.
When he heard him speak he was very much perplexed,
yet he liked to listen to him.
Herodias had an opportunity one day when Herod, on his birthday,
gave a banquet for his courtiers, his military officers,
and the leading men of Galilee.
His own daughter came in and performed a dance
that delighted Herod and his guests.
The king said to the girl,
“Ask of me whatever you wish and I will grant it to you.”
He even swore many things to her,
“I will grant you whatever you ask of me,
even to half of my kingdom.”

She went out and said to her mother,
“What shall I ask for?”
Her mother replied, “The head of John the Baptist.”
The girl hurried back to the king’s presence and made her request,
“I want you to give me at once on a platter
the head of John the Baptist.”
The king was deeply distressed,
but because of his oaths and the guests
he did not wish to break his word to her.
So he promptly dispatched an executioner
with orders to bring back his head.
He went off and beheaded him in the prison.
He brought in the head on a platter
and gave it to the girl.
The girl in turn gave it to her mother.
When his disciples heard about it,
they came and took his body and laid it in a tomb.

 

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Lectionary for Mass for Use in the Dioceses of the United States, second typical edition, Copyright © 2001, 1998, 1997, 1986, 1970 Confraternity of Christian Doctrine; Psalm refrain © 1968, 1981, 1997, International Committee on English in the Liturgy, Inc. All rights reserved. Neither this work nor any part of it may be reproduced, distributed, performed or displayed in any medium, including electronic or digital, without permission in writing from the copyright owner.

Viernes de la IV semana del Tiempo ordinario

Primera lectura Heb 13, 1-8

Hermanos: Conserven entre ustedes el amor fraterno y no se olviden de practicar la hospitalidad, ya que por ella, algunos han hospedado ángeles sin saberlo. Acuérdense de los que están presos, como si ustedes mismos estuvieran también con ellos en la cárcel. Piensen en los que son maltratados, pues también ustedes tienen un cuerpo que puede sufrir.

Que todos tengan gran respeto al matrimonio y lleven una vida conyugal irreprochable, porque a los que cometen fornicación y adulterio, Dios los habrá de juzgar.

Que no haya entre ustedes avidez de riquezas, sino que cada quien se contente con lo que tiene. Dios ha dicho: Nunca te dejaré ni te abandonaré; por lo tanto, nosotros podemos decir con plena confianza: El Señor cuida de mí, ¿por qué les he de tener miedo a los hombres?

Acuérdense de sus pastores, que les predicaron la palabra de Dios. Consideren cómo terminaron su vida e imiten su fe. Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre.

Salmo Responsorial Salmo 26, 1. 3. 5. 8b-9abc

R. (1a) El Señor es mi luz y mi salvación.
El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién voy a tenerle miedo?
El Señor es la defensa de mi vida,
 ¿quién podrá hacerme temblar?
R. El Señor es mi luz y mi salvación.
Aunque se lance contra mí un ejército,
no temerá mi corazón;
aun cuando hagan la guerra contra mí,
tendré plena confianza en el Señor.
R. El Señor es mi luz y mi salvación.
Porque el Señor me procuró un refugio
en los tiempos aciagos;
me esconderá en lo oculto de su tienda
y él me pondrá a salvo.
R. El Señor es mi luz y mi salvación.
El corazón me dice que te busque
y buscándote estoy.
No me abandones ni me dejes solo,
mi Dios y salvador.
R. El Señor es mi luz y mi salvación.

Aclamación antes del Evangelio Cfr Lc 8, 15

R. Aleluya, aleluya.
Dichosos los que cumplen la palabra del Señor
con un corazón bueno y sincero,
y perseveran hasta dar fruto.
R. Aleluya.

Evangelio Mc 6, 14-29

En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido tanto, llegó a oídos del rey Herodes el rumor de que Juan el Bautista había resucitado y sus poderes actuaban en Jesús. Otros decían que era Elías; y otros, que era un profeta, comparable a los antiguos. Pero Herodes insistía: “Es Juan, a quien yo le corté la cabeza, y que ha resucitado”.

Herodes había mandado apresar a Juan y lo había metido y encadenado en la cárcel. Herodes se había casado con Herodías, esposa de su hermano Filipo, y Juan le decía: “No te está permitido tener por mujer a la esposa de tu hermano”. Por eso Herodes lo mandó encarcelar.

Herodías sentía por ello gran rencor contra Juan y quería quitarle la vida; pero no sabía cómo, porque Herodes miraba con respeto a Juan, pues sabía que era un hombre recto y santo, y lo tenía custodiado. Cuando lo oía hablar, quedaba desconcertado, pero le gustaba escucharlo.

La ocasión llegó cuando Herodes dio un banquete a su corte, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea, con motivo de su cumpleaños. La hija de Herodías bailó durante la fiesta y su baile les gustó mucho a Herodes y a sus invitados. El rey le dijo entonces a la joven: “Pídeme lo que quieras y yo te lo daré”. Y le juró varias veces: “Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino”.

Ella fue a preguntarle a su madre: “¿Qué le pido?” Su madre le contestó: “La cabeza de Juan el Bautista”. Volvió ella inmediatamente junto al rey y le dijo: “Quiero que me des ahora mismo, en una charola, la cabeza de Juan el Bautista”.

El rey se puso muy triste, pero debido a su juramento y a los convidados, no quiso desairar a la joven, y enseguida mandó a un verdugo que trajera la cabeza de Juan. El verdugo fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una charola, se la entregó a la joven y ella se la entregó a su madre.

Al enterarse de esto, los discípulos de Juan fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.

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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.