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Thursday of the Second Week of Lent

Reading I Jer 17:5-10

    Thus says the LORD:
Cursed is the man who trusts in human beings,
    who seeks his strength in flesh,
    whose heart turns away from the LORD.
He is like a barren bush in the desert
    that enjoys no change of season,
But stands in a lava waste,
    a salt and empty earth.
Blessed is the man who trusts in the LORD,
    whose hope is the LORD.
He is like a tree planted beside the waters
    that stretches out its roots to the stream:
It fears not the heat when it comes,
    its leaves stay green;
In the year of drought it shows no distress,
    but still bears fruit.
More tortuous than all else is the human heart,
    beyond remedy; who can understand it?
I, the LORD, alone probe the mind
    and test the heart,
To reward everyone according to his ways,
    according to the merit of his deeds.

Responsorial Psalm 1:1-2, 3, 4 and 6

R.    (40:5a)  Blessed are they who hope in the Lord.
Blessed the man who follows not
    the counsel of the wicked
Nor walks in the way of sinners,
    nor sits in the company of the insolent,
But delights in the law of the LORD
    and meditates on his law day and night.
R.    Blessed are they who hope in the Lord.
He is like a tree
    planted near running water,
That yields its fruit in due season,
    and whose leaves never fade.
    Whatever he does, prospers.
R.    Blessed are they who hope in the Lord.
Not so, the wicked, not so;
    they are like chaff which the wind drives away.
For the LORD watches over the way of the just,
    but the way of the wicked vanishes.
R.    Blessed are they who hope in the Lord.

Verse before the Gospel See Lk 8:15

Blessed are they who have kept the word with a generous heart
and yield a harvest through perseverance.

Gospel Lk 16:19-31

Jesus said to the Pharisees:
“There was a rich man who dressed in purple garments and fine linen
and dined sumptuously each day.
And lying at his door was a poor man named Lazarus, covered with sores,
who would gladly have eaten his fill of the scraps
that fell from the rich man’s table.
Dogs even used to come and lick his sores.
When the poor man died,
he was carried away by angels to the bosom of Abraham.
The rich man also died and was buried,
and from the netherworld, where he was in torment,
he raised his eyes and saw Abraham far off
and Lazarus at his side.
And he cried out, ‘Father Abraham, have pity on me.
Send Lazarus to dip the tip of his finger in water and cool my tongue,
for I am suffering torment in these flames.’
Abraham replied, ‘My child,
remember that you received what was good during your lifetime
while Lazarus likewise received what was bad;
but now he is comforted here, whereas you are tormented.
Moreover, between us and you a great chasm is established
to prevent anyone from crossing
who might wish to go from our side to yours
or from your side to ours.’
He said, ‘Then I beg you, father, send him
to my father’s house,
for I have five brothers, so that he may warn them,
lest they too come to this place of torment.’
But Abraham replied, ‘They have Moses and the prophets.
Let them listen to them.’
He said, ‘Oh no, father Abraham,
but if someone from the dead goes to them, they will repent.’
Then Abraham said,
‘If they will not listen to Moses and the prophets,
neither will they be persuaded
if someone should rise from the dead.’”

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Lectionary for Mass for Use in the Dioceses of the United States, second typical edition, Copyright © 2001, 1998, 1997, 1986, 1970 Confraternity of Christian Doctrine; Psalm refrain © 1968, 1981, 1997, International Committee on English in the Liturgy, Inc. All rights reserved. Neither this work nor any part of it may be reproduced, distributed, performed or displayed in any medium, including electronic or digital, without permission in writing from the copyright owner.

Jueves de la II semana de Cuaresma

Primera Lectura Jer 17, 5-10

Esto dice el Señor:
“Maldito el hombre que confía en el hombre,
que en él pone su fuerza
y aparta del Señor su corazón.
Será como un cardo en la estepa,
que nunca disfrutará de la lluvia.
Vivirá en la aridez del desierto,
en una tierra salobre e inhabitable.

Bendito el hombre que confía en el Señor
y en él pone su esperanza.
Será como un árbol plantado junto al agua,
que hunde en la corriente sus raíces;
cuando llegue el calor, no lo sentirá
y sus hojas se conservarán siempre verdes;
en año de sequía no se marchitará
ni dejará de dar frutos.

El corazón del hombre
es la cosa más traicionera y difícil de curar.
¿Quién lo podrá entender?
Yo, el Señor, sondeo la mente
y penetro el corazón,
para dar a cada uno según sus acciones,
según el fruto de sus obras”.

Salmo Responsorial Salmo 1, 1-2. 3. 4 y 6

R. (Sal 39, 5a) Dichoso el hombre que confía en el Señor.
Dichoso aquel que no se guía
Por mundanos criterios,
que no anda en malos pasos
ni se burla del bueno,
que ama la ley de Dios
y se goza en cumplir sus mandamientos. 
R. Dichoso el hombre que confía en el Señor.
Es como un árbol plantado junto al río,
que da fruto a su tiempo
y nunca se marchita.
En todo tendrá éxito. 
R. Dichoso el hombre que confía en el Señor.
En cambio los malvados
serán como la paja barrida por el viento.
Porque el Señor protege el camino del justo,
y al malo sus caminos acaban por perderlo. 
R. Dichoso el hombre que confía en el Señor.

Aclamación antes del Evangelio Cfr Lc 8, 15

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Dichosos los que cumplen la palabra del Señor
con un corazón bueno y sincero,
y perseveran hasta dar fruto.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio Lc 16, 19-31

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y telas finas y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo, llamado Lázaro, yacía a la entrada de su casa, cubierto de llagas y ansiando llenarse con las sobras que caían de la mesa del rico. Y hasta los perros se acercaban a lamerle las llagas.

Sucedió, pues, que murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abraham. Murió también el rico y lo enterraron. Estaba éste en el lugar de castigo, en medio de tormentos, cuando levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham y a Lázaro junto a él.

Entonces gritó: ‘Padre Abraham, ten piedad de mí. Manda a Lázaro que moje en agua la punta de su dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas’. Pero Abraham le contestó: ‘Hijo, recuerda que en tu vida recibiste bienes y Lázaro, en cambio, males. Por eso él goza ahora de consuelo, mientras que tú sufres tormentos. Además, entre ustedes y nosotros se abre un abismo inmenso, que nadie puede cruzar, ni hacia allá ni hacia acá’.

El rico insistió: ‘Te ruego, entonces, padre Abraham, que mandes a Lázaro a mi casa, pues me quedan allá cinco hermanos, para que les advierta y no acaben también ellos en este lugar de tormentos’. Abraham le dijo: ‘Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen’. Pero el rico replicó: ‘No, padre Abraham. Si un muerto va a decírselo, entonces sí se arrepentirán’. Abraham repuso: ‘Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso, ni aunque resucite un muerto’”.

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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

Miércoles de la II semana de Cuaresma

Primera Lectura Jer 18, 18-20

En aquellos días, los enemigos del profeta se dijeron entre sí: “Vengan, tendamos un lazo a Jeremías, porque no le va a faltar doctrina al sacerdote, consejo al sabio, ni inspiración al profeta. Vengan, ataquémoslo de palabra y no hagamos caso de sus oráculos”.

Jeremías le dijo entonces a Dios:
“Señor, atiéndeme.
Oye lo que dicen mis adversarios.
¿Acaso se paga bien con mal?
Porque ellos han cavado una fosa para mí.
Recuerda cómo he insistido ante ti,
intercediendo en su favor,
para apartar de ellos tu cólera”.

Salmo Responsorial Salmo 30, 5-6. 14. 15-16

R. (17b) Sálvame, Señor, por tu misericordia.
Sácame, Señor, de la trampa que me han tendido,
porque tú eres mi amparo.
En tus manos encomiendo mi espíritu:
y tú, mi Dios leal, me librarás. 
R. Sálvame, Señor, por tu misericordia.
Oigo las burlas de la gente,
y todo me da miedo;
se conjuran contra mí
y tratan de quitarme la vida. 
R. Sálvame, Señor, por tu misericordia.
Pero yo, Señor, en ti confío.
Tú eres mi Dios
Y en tus manos está mi destino.
Líbrame de los enemigos que me persiguen. 
R. Sálvame, Señor, por tu misericordia.

Aclamación antes del Evangelio Jn 8, 12

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Yo soy la luz del mundo, dice el Señor;
el que me sigue tendrá la luz de la vida.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio Mt 20, 17-28

En aquel tiempo, mientras iba de camino a Jerusalén, Jesús llamó aparte a los Doce y les dijo: “Ya vamos camino de Jerusalén y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, que lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; pero al tercer día, resucitará”.

Entonces se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo, junto con ellos, y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: “¿Qué deseas?” Ella respondió: “Concédeme que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, en tu Reino”. Pero Jesús replicó: “No saben ustedes lo que piden. ¿Podrán beber el cáliz que yo he de beber?” Ellos contestaron: “Sí podemos”. Y él les dijo: “Beberán mi cáliz; pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; es para quien mi Padre lo tiene reservado”.

Al oír aquello, los otros diez discípulos se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: “Ya saben que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. Que no sea así entre ustedes. El que quiera ser grande entre ustedes, que sea el que los sirva, y el que quiera ser primero, que sea su esclavo; así como el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida por la redención de todos”.

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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

Wednesday of the Second Week of Lent

Reading I Jer 18:18-20

The people of Judah and the citizens of Jerusalem said,
“Come, let us contrive a plot against Jeremiah.
It will not mean the loss of instruction from the priests,
nor of counsel from the wise, nor of messages from the prophets.
And so, let us destroy him by his own tongue;
let us carefully note his every word.”

Heed me, O LORD,
    and listen to what my adversaries say.
Must good be repaid with evil
    that they should dig a pit to take my life?
Remember that I stood before you
    to speak in their behalf,
    to turn away your wrath from them.

Responsorial Psalm 31:5-6, 14, 15-16

R.    (17b)  Save me, O Lord, in your kindness.
You will free me from the snare they set for me,
    for you are my refuge.
Into your hands I commend my spirit;
    you will redeem me, O LORD, O faithful God.
R.    Save me, O Lord, in your kindness.
I hear the whispers of the crowd, that frighten me from every side,
    as they consult together against me, plotting to take my life.
R.    Save me, O Lord, in your kindness.
But my trust is in you, O LORD;
    I say, “You are my God.”
In your hands is my destiny; rescue me
    from the clutches of my enemies and my persecutors.
R.    Save me, O Lord, in your kindness.

Verse before the Gospel Jn 8:12

I am the light of the world, says the Lord;
whoever follows me will have the light of life.

Gospel Mt 20:17-28

As Jesus was going up to Jerusalem,
he took the Twelve disciples aside by themselves,
and said to them on the way,
“Behold, we are going up to Jerusalem,
and the Son of Man will be handed over to the chief priests
and the scribes,
and they will condemn him to death,
and hand him over to the Gentiles
to be mocked and scourged and crucified,
and he will be raised on the third day.”

Then the mother of the sons of Zebedee approached Jesus with her sons
and did him homage, wishing to ask him for something.
He said to her, “What do you wish?”
She answered him,
“Command that these two sons of mine sit,
one at your right and the other at your left, in your kingdom.”
Jesus said in reply,
“You do not know what you are asking.
Can you drink the chalice that I am going to drink?”
They said to him, “We can.”
He replied,
“My chalice you will indeed drink,
but to sit at my right and at my left,
this is not mine to give
but is for those for whom it has been prepared by my Father.”
When the ten heard this,
they became indignant at the two brothers.
But Jesus summoned them and said,
“You know that the rulers of the Gentiles lord it over them,
and the great ones make their authority over them felt.
But it shall not be so among you.
Rather, whoever wishes to be great among you shall be your servant;
whoever wishes to be first among you shall be your slave.
Just so, the Son of Man did not come to be served but to serve
and to give his life as a ransom for many.”

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Martes de la II semana de Cuaresma

Primera Lectura Is 1, 10. 16-20

Oigan la palabra del Señor, príncipes de Sodoma;
escucha la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra:
“Lávense y purifíquense;
aparten de mi vista sus malas acciones.
Dejen de hacer el mal, aprendan a hacer el bien,
busquen la justicia, auxilien al oprimido,
defiendan los derechos del huérfano
y la causa de la viuda.

Vengan, pues, y discutamos, dice el Señor.
Aunque sus pecados sean rojos como la sangre,
quedarán blancos como la nieve.
Aunque sean encendidos como la púrpura,
vendrán a ser como blanca lana.
Si son ustedes dóciles y obedecen,
comerán los frutos de la tierra.
Pero si se obstinan en la rebeldía,
la espada los devorará”.

Salmo Responsorial Salmo 49, 8-9. 16bc-17. 21 y 23

R. (23b) Muéstranos, Señor, el camino de la salvación.
No voy a reclamarte sacrificios, dice el Señor, 
pues siempre están ante mí tus holocaustos.
Pero ya no aceptaré un becerro de tu casa,
ni cabritos de tus rebaños. 
R. Muéstranos, Señor, el camino de la salvación.
¿Por qué citas mis preceptos
y hablas a toda hora de mi pacto,
tú que detestas la obediencia
y echas en saco roto mis mandatos? 
R. Muéstranos, Señor, el camino de la salvación.
Tú haces esto, ¿y yo tengo que callarme?
¿Crees acaso que yo soy como tú?
No, yo te reprenderé y te echaré en cara tus pecados.
Quien las gracias me da, ése me honra
y yo salvaré al que cumple mi voluntad. 
R. Muéstranos, Señor, el camino de la salvación.

Aclamación antes del Evangelio Ez 18, 31

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Purifíquense de todas sus iniquidades;
renueven su corazón y su espíritu, dice el Señor.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio Mt 23, 1-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a las multitudes y a sus discípulos: 
“En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra. Hacen fardos muy pesados y difíciles de llevar y los echan sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con el dedo los quieren mover. Todo lo hacen para que los vea la gente. Ensanchan las filacterias y las franjas del manto; les agrada ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; les gusta que los saluden en las plazas y que la gente los llame ‘maestros’.

Ustedes, en cambio, no dejen que los llamen ‘maestros’, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A ningún hombre sobre la tierra lo llamen ‘padre’, porque el Padre de ustedes es sólo el Padre celestial. No se dejen llamar ‘guías’, porque el guía de ustedes es solamente Cristo. Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”.

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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

Tuesday of the Second Week of Lent

Reading I Is 1:10, 16-20

Hear the word of the LORD,
    princes of Sodom!
Listen to the instruction of our God,
    people of Gomorrah!

    Wash yourselves clean!
Put away your misdeeds from before my eyes;
    cease doing evil; learn to do good.
Make justice your aim: redress the wronged,
    hear the orphan’s plea, defend the widow.

Come now, let us set things right,
    says the LORD:
Though your sins be like scarlet,
    they may become white as snow;
Though they be crimson red,
    they may become white as wool.
If you are willing, and obey,
    you shall eat the good things of the land;
But if you refuse and resist,
    the sword shall consume you:
    for the mouth of the LORD has spoken!

Responsorial Psalm 50:8-9, 16bc-17, 21 and 23

R.    (23b) To the upright I will show the saving power of God.
“Not for your sacrifices do I rebuke you,
    for your burnt offerings are before me always.
I take from your house no bullock,
    no goats out of your fold.”
R.    To the upright I will show the saving power of God.
“Why do you recite my statutes,
    and profess my covenant with your mouth,
Though you hate discipline
    and cast my words behind you?”
R.    To the upright I will show the saving power of God.
“When you do these things, shall I be deaf to it?
    Or do you think that I am like yourself?
    I will correct you by drawing them up before your eyes.
He that offers praise as a sacrifice glorifies me;
    and to him that goes the right way I will show the salvation of God.”
R.    To the upright I will show the saving power of God.
 

Verse before the Gospel Ez 18:31

Cast away from you all the crimes you have committed, says the LORD,
and make for yourselves a new heart and a new spirit.

Gospel Mt 23:1-12

Jesus spoke to the crowds and to his disciples, saying,
“The scribes and the Pharisees
have taken their seat on the chair of Moses.
Therefore, do and observe all things whatsoever they tell you,
but do not follow their example.
For they preach but they do not practice.
They tie up heavy burdens hard to carry
and lay them on people’s shoulders,
but they will not lift a finger to move them.
All their works are performed to be seen.
They widen their phylacteries and lengthen their tassels.
They love places of honor at banquets, seats of honor in synagogues,
greetings in marketplaces, and the salutation ‘Rabbi.’
As for you, do not be called ‘Rabbi.’
You have but one teacher, and you are all brothers.
Call no one on earth your father;
you have but one Father in heaven.
Do not be called ‘Master’;
you have but one master, the Christ.
The greatest among you must be your servant.
Whoever exalts himself will be humbled;
but whoever humbles himself will be exalted.”

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Lunes de la II semana de Cuaresma

Primera Lectura Dn 9, 4b-10

En aquellos días, imploré al Señor, mi Dios, y le hice esta confesión: “Señor Dios, grande y temible, que guardas la alianza y el amor a los que te aman y observan tus mandamientos. Nosotros hemos pecado, hemos cometido iniquidades, hemos sido malos, nos hemos rebelado y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus normas. No hemos hecho caso a los profetas, tus siervos, que hablaban a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo.

Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la vergüenza en el rostro, que ahora soportan los hombres de Judá, los habitantes de Jerusalén y de todo Israel, próximos y lejanos, en todos los países donde tú los dispersaste, a causa de las infidelidades que cometieron contra ti.

Señor, la vergüenza es nuestra, de nuestros reyes, de nuestros príncipes y de nuestros padres, porque hemos pecado contra ti. De nuestro Dios, en cambio, es el tener misericordia y perdonar, aunque nos hemos rebelado contra él, y al no seguir las leyes que él nos había dado por medio de sus siervos, los profetas, no hemos obedecido su voz”.

Salmo Responsorial Salmo 78, 8.9. 11 y 13

R. (Sal 102, 10a) No nos trates, Señor, como merecen nuestros pecados.
No recuerdes, Señor, contra nosotros
las culpas de nuestros padres.
Que tu amor venga pronto a socorrernos,
porque estamos totalmente abatidos. 
R. No nos trates, Señor, como merecen nuestros pecados.
Para que sepan quién eres,
socórrenos, Dios y salvador nuestro.
Para que sepan quién eres,
sálvanos y perdona nuestros pecados. 
R. No nos trates, Señor, como merecen nuestros pecados.
Que lleguen hasta ti los gemidos del cautivo;
con tu brazo poderoso salva a los condenados a muerte.
Y nosotros, pueblo tuyo y ovejas de tu rebaño,
te daremos gracias siempre,
y de generación en generación te alabaremos. 
R. No nos trates, Señor, como merecen nuestros pecados.

Aclamación antes del Evangelio Cfr Jn 6, 63. 68

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.
Tú tienes palabras de vida eterna.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio Lc 6, 36-38

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.

Den y se les dará: recibirán una medida buena, bien sacudida, apretada y rebosante en los pliegues de su túnica. Porque con la misma medida con que midan, serán medidos”.

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Monday of the Second Week in Lent

Reading I Dn 9:4b-10

“Lord, great and awesome God,
you who keep your merciful covenant toward those who love you
and observe your commandments!
We have sinned, been wicked and done evil;
we have rebelled and departed from your commandments and your laws.
We have not obeyed your servants the prophets,
who spoke in your name to our kings, our princes,
our fathers, and all the people of the land.
Justice, O Lord, is on your side;
we are shamefaced even to this day:
we, the men of Judah, the residents of Jerusalem,
and all Israel, near and far,
in all the countries to which you have scattered them
because of their treachery toward you.
O LORD, we are shamefaced, like our kings, our princes, and our fathers,
for having sinned against you.
But yours, O Lord, our God, are compassion and forgiveness!
Yet we rebelled against you
and paid no heed to your command, O LORD, our God,
to live by the law you gave us through your servants the prophets.”

Responsorial Psalm 79:8, 9, 11 and 13

R.    (see 103:10a)  Lord, do not deal with us according to our sins.
Remember not against us the iniquities of the past;
    may your compassion quickly come to us,
    for we are brought very low.
R.    Lord, do not deal with us according to our sins.
Help us, O God our savior,
    because of the glory of your name;
Deliver us and pardon our sins
    for your name’s sake.
R.    Lord, do not deal with us according to our sins.
Let the prisoners’ sighing come before you;
    with your great power free those doomed to death.
Then we, your people and the sheep of your pasture,
    will give thanks to you forever;
    through all generations we will declare your praise.
R.    Lord, do not deal with us according to our sins.

Verse before the Gospel See Jn 6:63c, 68c

Your words, Lord, are Spirit and life;
you have the words of everlasting life.

Gospel Lk 6:36-38

Jesus said to his disciples:
“Be merciful, just as your Father is merciful.

“Stop judging and you will not be judged.
Stop condemning and you will not be condemned.
Forgive and you will be forgiven.
Give and gifts will be given to you;
a good measure, packed together, shaken down, and overflowing,
will be poured into your lap.
For the measure with which you measure
will in return be measured out to you.”

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Second Sunday of Lent

Reading I Gn 22:1-2, 9a, 10-13, 15-18

God put Abraham to the test.
He called to him, “Abraham!”
“Here I am!” he replied.
Then God said:
“Take your son Isaac, your only one, whom you love, 
and go to the land of Moriah.
There you shall offer him up as a holocaust 
on a height that I will point out to you.”

When they came to the place of which God had told him, 
Abraham built an altar there and arranged the wood on it.
Then he reached out and took the knife to slaughter his son.
But the LORD’s messenger called to him from heaven, 
“Abraham, Abraham!”
“Here I am!” he answered.
“Do not lay your hand on the boy,” said the messenger.
“Do not do the least thing to him.
I know now how devoted you are to God, 
since you did not withhold from me your own beloved son.”
As Abraham looked about, 
he spied a ram caught by its horns in the thicket.
So he went and took the ram 
and offered it up as a holocaust in place of his son.

Again the LORD’s messenger called to Abraham from heaven and said: 
“I swear by myself, declares the LORD, 
that because you acted as you did 
in not withholding from me your beloved son, 
I will bless you abundantly 
and make your descendants as countless 
as the stars of the sky and the sands of the seashore; 
your descendants shall take possession 
of the gates of their enemies, 
and in your descendants all the nations of the earth
shall find blessing—
all this because you obeyed my command.”

Responsorial Psalm 116:10, 15, 16-17, 18-19

R. (116:9) I will walk before the Lord, in the land of the living.
I believed, even when I said,
    “I am greatly afflicted.”
Precious in the eyes of the LORD
    is the death of his faithful ones.
R. I will walk before the Lord, in the land of the living.
O LORD, I am your servant;
    I am your servant, the son of your handmaid;
    you have loosed my bonds.
To you will I offer sacrifice of thanksgiving,
    and I will call upon the name of the LORD.
R. I will walk before the Lord, in the land of the living.
My vows to the LORD I will pay
    in the presence of all his people,
In the courts of the house of the LORD,
    in your midst, O Jerusalem.
R. I will walk before the Lord, in the land of the living.

Reading II Rom 8:31b-34

Brothers and sisters:
If God is for us, who can be against us?
He who did not spare his own Son 
but handed him over for us all, 
how will he not also give us everything else along with him?

Who will bring a charge against God’s chosen ones?
It is God who acquits us, who will condemn?
Christ Jesus it is who died—or, rather, was raised— 
who also is at the right hand of God, 
who indeed intercedes for us.

Verse Before the Gospel Cf. Mt 17:5

From the shining cloud the Father’s voice is heard:
This is my beloved Son, listen to him.

Gospel Mk 9:2-10

Jesus took Peter, James, and John 
and led them up a high mountain apart by themselves.
And he was transfigured before them, 
and his clothes became dazzling white, 
such as no fuller on earth could bleach them.
Then Elijah appeared to them along with Moses, 
and they were conversing with Jesus.
Then Peter said to Jesus in reply, 
“Rabbi, it is good that we are here!
Let us make three tents: 
one for you, one for Moses, and one for Elijah.”
He hardly knew what to say, they were so terrified.
Then a cloud came, casting a shadow over them; 
from the cloud came a voice, 
“This is my beloved Son.  Listen to him.”
Suddenly, looking around, they no longer saw anyone
but Jesus alone with them.

As they were coming down from the mountain,
he charged them not to relate what they had seen to anyone,
except when the Son of Man had risen from the dead.
So they kept the matter to themselves, 
questioning what rising from the dead meant.

– – –

Lectionary for Mass for Use in the Dioceses of the United States, second typical edition, Copyright © 2001, 1998, 1997, 1986, 1970 Confraternity of Christian Doctrine; Psalm refrain © 1968, 1981, 1997, International Committee on English in the Liturgy, Inc. All rights reserved. Neither this work nor any part of it may be reproduced, distributed, performed or displayed in any medium, including electronic or digital, without permission in writing from the copyright owner.

II Domingo de Cuaresma

Primera Lectura Gn 22, 1-2. 9-13. 15-18

En aquel tiempo, Dios le puso una prueba a Abraham y le dijo: “¡Abraham, Abraham!” Él respondió: “Aquí estoy”. Y Dios le dijo: “Toma a tu hijo único, Isaac, a quien tanto amas; vete a la región de Moria y ofrécemelo en sacrificio, en el monte que yo te indicaré”.

Cuando llegaron al sitio que Dios le había señalado, Abraham levantó un altar y acomodó la leña. Luego ató a su hijo Isaac, lo puso sobre el altar, encima de la leña, y tomó el cuchillo para degollarlo.

Pero el ángel del Señor lo llamó desde el cielo y le dijo: “¡Abraham, Abraham!” Él contestó: “Aquí estoy”. El ángel le dijo: “No descargues la mano contra tu hijo, ni le hagas daño. Ya veo que temes a Dios, porque no le has negado a tu hijo único”.

Abraham levantó los ojos y vio un carnero, enredado por los cuernos en la maleza. Atrapó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo.

El ángel del Señor volvió a llamar a Abraham desde el cielo y le dijo: “Juro por mí mismo, dice el Señor, que por haber hecho esto y no haberme negado a tu hijo único, yo te bendeciré y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y las arenas del mar. Tus descendientes conquistarán las ciudades enemigas. En tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra, porque obedeciste a mis palabras”.

Salmo Responsorial Salmo 115, 10 y 15. 16-17. 18-19

R. (Sal 114, 9) Siempre confiaré en el Señor.
Aun abrumado de desgracias,
siempre confié en Dios.
A los ojos del Señor es muy penoso
que mueran sus amigos. R.
R. Siempre confiaré en el Señor.
De la muerte, Señor, me has librado,
a mí, tu esclavo e hijo de tu esclava;
te ofreceré con gratitud un sacrificio
e invocaré tu nombre. R. 
R. Siempre confiaré en el Señor.
Cumpliré mis promesas al Señor
ante todo su pueblo,
en medio de su templo santo,
que está en Jerusalén. R. 
R. Siempre confiaré en el Señor.

Segunda Lectura Rm 8, 31b-34

Hermanos: Si Dios está a nuestro favor, ¿quién estará en contra nuestra? El que no nos escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no va a estar dispuesto a dárnoslo todo, junto con su Hijo? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Si Dios mismo es quien los perdona, ¿quién será el que los condene? ¿Acaso Jesucristo, que murió, resucitó y está a la derecha de Dios para interceder por nosotros?

Aclamación antes del Evangelio Cf Mc 9,7

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
En el esplendor de la nube se oyó la voz del Padre, que decía:
“Éste es mi Hijo amado; escúchenlo”.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio Mc 9, 2-10

En aquel tiempo, Jesús tomó aparte a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos a un monte alto y se transfiguró en su presencia. Sus vestiduras se pusieron esplendorosamente blancas, con una blancura que nadie puede lograr sobre la tierra. Después se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.

Entonces Pedro le dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué a gusto estamos aquí! Hagamos tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. En realidad no sabía lo que decía, porque estaban asustados.

Se formó entonces una nube, que los cubrió con su sombra, y de esta nube salió una voz que decía: “Éste es mi Hijo amado; escúchenlo”. 

En ese momento miraron alrededor y no vieron a nadie sino a Jesús, que estaba solo con ellos.

Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos guardaron esto en secreto, pero discutían entre sí qué querría decir eso de ‘resucitar de entre los muertos’.

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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.