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Martes de la XVIII Semana del Tiempo Ordinario

Lectura I Nm 12, 1-13

En aquellos días, María y Aarón criticaron a Moisés porque había tomado por esposa a una mujer extranjera. Decían: “¿Acaso el Señor le ha hablado solamente a Moisés? ¿Acaso no nos ha hablado también a nosotros?” Y el Señor los oyó. Moisés era el hombre más humilde de la tierra.

De repente, el Señor les dijo a Moisés, a Aarón y a María: “Vayan los tres a la tienda de la reunión”. Y fueron los tres. Bajó el Señor en la columna de nube y se quedó en la puerta de la tienda. Llamó a Aarón y a María, y los dos se acercaron.

El Señor les dijo: “Escuchen mis palabras. Cuando hay un profeta entre ustedes, yo me comunico con él por medio de visiones y de sueños. Pero con Moisés, mi siervo, es muy distinto: él es el siervo más fiel de mi casa; yo hablo con él cara a cara, abiertamente y sin secretos, y él contempla cara a cara al Señor. ¿Por qué, pues, se han atrevido ustedes a criticar a mi siervo, Moisés?”

Y la ira del Señor se encendió contra ellos. Cuando él se fue y la nube se retiró de encima de la tienda, María estaba leprosa, blanca como la nieve. Aarón se volvió hacia María y vio que estaba leprosa.

Entonces Aarón le dijo a Moisés: “Perdónanos, Señor nuestro, el pecado que neciamente hemos cometido. Que no sea María como quien nace muerta del seno de su madre; mira su carne ya medio consumida por la lepra”. Entonces Moisés clamó al Señor, diciendo: “Señor, ¡cúrala por favor!”

Salmo Responsorial Del Salmo 50

R. (cf 3a) Misericordia, Señor, hemos pecado.
Por tu inmensa compasión y misericordia,
Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas.
Lávame bien de todos mis delitos
y purifícame de mis pecados. 
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.
Puesto que reconozco mis culpas,
tengo siempre presentes mis pecados.
Contra ti solo pequé, Señor,
haciendo lo que a tus ojos era malo. 
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.
Es justa tu sentencia 
y eres justo, Señor, al castigarme. 
Nací en la iniquidad, 
y pecador me concibió mi madre. 
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.
Crea en mí, Señor, un corazón puro,
un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos.
No me arrojes, Señor, lejos de ti, 
ni retires de mí tu santo espíritu. 
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.
 

Aclamación antes del Evangelio Jn 1, 49

R. Aleluya, aleluya.
Maestro, tú eres el Hijo de Dios,
tú eres el rey de Israel.
R. Aleluya.

Evangelio Mt 14, 22-36

En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de despedirla, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba él solo allí.

Entre tanto, la barca iba ya muy lejos de la costa y las olas la sacudían, porque el viento era contrario. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua. Los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron y decían: “¡Es un fantasma!” Y daban gritos de terror. Pero Jesús les dijo enseguida: “Tranquilícense y no teman. Soy yo”.

Entonces le dijo Pedro: “Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua”. Jesús le contestó: “Ven”. Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: “¡Sálvame, Señor!” Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”

En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en la barca se postraron ante Jesús, diciendo: “Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios”.

Terminada la travesía, llegaron a Genesaret. Apenas lo reconocieron los habitantes de aquel lugar, pregonaron la noticia por toda la región y le trajeron a todos los enfermos. Le pedían que los dejara tocar siquiera el borde de su manto; y cuantos lo tocaron, quedaron curados.

O bien:
Mt 15:1-2. 10-14

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos escribas y unos fariseos venidos de Jerusalén y le preguntaron: “¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros mayores y no se lavan las manos antes de comer?”

Jesús llamó entonces a la gente y le dijo: “Escuchen y traten de comprender. No es lo que entra por la boca lo que mancha al hombre; lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre”.

Se le acercaron entonces los discípulos y le dijeron: “¿Sabes que los fariseos se han escandalizado de tus palabras?” Jesús les respondió: “Las plantas que no haya plantado mi Padre celestial, serán arrancadas de raíz. Déjenlos; son ciegos que guían a otros ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en un hoyo”.

 

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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

Tuesday of the Eighteenth Week in Ordinary Time

Reading I Nm 12:1-13

Miriam and Aaron spoke against Moses on the pretext
of the marriage he had contracted with a Cushite woman.
They complained, “Is it through Moses alone that the LORD speaks?
Does he not speak through us also?”
And the LORD heard this.
Now, Moses himself was by far the meekest man on the face of the earth.
So at once the LORD said to Moses and Aaron and Miriam,
“Come out, you three, to the meeting tent.”
And the three of them went.
Then the LORD came down in the column of cloud,
and standing at the entrance of the tent,
called Aaron and Miriam.
When both came forward, he said,
“Now listen to the words of the LORD:

Should there be a prophet among you,
in visions will I reveal myself to him,
in dreams will I speak to him;
not so with my servant Moses!
Throughout my house he bears my trust:
face to face I speak to him;
plainly and not in riddles.
The presence of the LORD he beholds.

Why, then, did you not fear to speak against my servant Moses?”

So angry was the LORD against them that when he departed,
and the cloud withdrew from the tent,
there was Miriam, a snow-white leper!
When Aaron turned and saw her a leper, he said to Moses,
“Ah, my lord! Please do not charge us with the sin
that we have foolishly committed!
Let her not thus be like the stillborn babe
that comes forth from its mother’s womb
with its flesh half consumed.”
Then Moses cried to the LORD, “Please, not this! Pray, heal her!”

Responsorial Psalm 51:3-4, 5-6ab, 6cd-7, 12-13

R. (see 3a) Be merciful, O Lord, for we have sinned.
Have mercy on me, O God, in your goodness;
in the greatness of your compassion wipe out my offense.
Thoroughly wash me from my guilt
and of my sin cleanse me.
R. Be merciful, O Lord, for we have sinned.
For I acknowledge my offense;
and my sin is before me always:
“Against you only have I sinned;
and done what is evil in your sight.”
R. Be merciful, O Lord, for we have sinned.
That you may be justified in your sentence,
vindicated when you condemn.
Indeed, in guilt was I born,
and in sin my mother conceived me.
R. Be merciful, O Lord, for we have sinned.
A clean heart create for me, O God,
and a steadfast spirit renew within me.
Cast me not off from your presence,
and your Holy Spirit take not from me.
R. Be merciful, O Lord, for we have sinned.

Alleluia Jn 1:49b

R. Alleluia, alleluia.
Rabbi, you are the Son of God;
you are the King of Israel.
R. Alleluia, alleluia.

Gospel Mt 14:22-36

Jesus made the disciples get into a boat
and precede him to the other side of the sea,
while he dismissed the crowds.
After doing so, he went up on the mountain by himself to pray.
When it was evening he was there alone.
Meanwhile the boat, already a few miles offshore,
was being tossed about by the waves, for the wind was against it.
During the fourth watch of the night,
he came toward them, walking on the sea.
When the disciples saw him walking on the sea they were terrified.
“It is a ghost,” they said, and they cried out in fear.
At once Jesus spoke to them, “Take courage, it is I; do not be afraid.”
Peter said to him in reply,
“Lord, if it is you, command me to come to you on the water.”
He said, “Come.”
Peter got out of the boat and began to walk on the water toward Jesus.
But when he saw how strong the wind was he became frightened;
and, beginning to sink, he cried out, “Lord, save me!”
Immediately Jesus stretched out his hand and caught him,
and said to him, “O you of little faith, why did you doubt?”
After they got into the boat, the wind died down.
Those who were in the boat did him homage, saying,
“Truly, you are the Son of God.”

After making the crossing, they came to land at Gennesaret.
When the men of that place recognized him,
they sent word to all the surrounding country.
People brought to him all those who were sick
and begged him that they might touch only the tassel on his cloak,
and as many as touched it were healed.

    The following text may be substituted, 
    especially in Year A when the above Gospel is read on Monday:

Mt 15:1-2, 10-14

Some Pharisees and scribes came to Jesus from Jerusalem and said,
“Why do your disciples break the tradition of the elders?
They do not wash their hands when they eat a meal.”
He summoned the crowd and said to them, “Hear and understand.
It is not what enters one’s mouth that defiles the man;
but what comes out of the mouth is what defiles one.”
Then his disciples approached and said to him,
“Do you know that the Pharisees took offense
when they heard what you said?”
He said in reply, “Every plant that my heavenly Father has not planted
will be uprooted.
Let them alone; they are blind guides of the blind.
If a blind man leads a blind man,
both will fall into a pit.”
 

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Lectionary for Mass for Use in the Dioceses of the United States, second typical edition, Copyright © 2001, 1998, 1997, 1986, 1970 Confraternity of Christian Doctrine; Psalm refrain © 1968, 1981, 1997, International Committee on English in the Liturgy, Inc. All rights reserved. Neither this work nor any part of it may be reproduced, distributed, performed or displayed in any medium, including electronic or digital, without permission in writing from the copyright owner.

Lunes de la XVIII semana del Tiempo ordinario

Lectura I Nm 11, 4b-15

En aquellos días, los israelitas se quejaban diciendo: “¡Quién nos diera carne para comer! ¡Cómo nos acordamos del pescado, que comíamos gratis en Egipto, y de los pepinos y melones, de los puerros, cebollas y ajos! Pero de tanto ver el maná, ya ni ganas tenemos de comer”.

El maná era como la semilla del cilantro y su aspecto como el de la resina aromática. El pueblo se dispersaba para recogerlo. Lo molían en el molino o lo machacaban en el mortero; luego lo cocían en una olla y hacían con él una especie de pan, que sabía como el pan de aceite. Por la noche, cuando caía el rocío sobre el campamento, caía también el maná.

Moisés oyó cómo se quejaba el pueblo, cada una de las familias, a la entrada de su tienda. Eso provocó la ira del Señor, y Moisés, también muy disgustado, le dijo al Señor: “¿Por qué tratas tan mal a tu siervo? ¿En qué te he desagradado para que tenga que cargar con todo este pueblo? ¿Acaso yo lo he concebido o lo he dado a luz, para que me digas: ‘Toma en brazos a este pueblo, como una nodriza a la creatura, y llévalo a la tierra que juré darles a sus padres?’ ¿De dónde voy a sacar yo carne para repartírsela a toda la gente, que me dice llorando: ‘Queremos comer carne’? Yo solo no puedo cargar con todo este pueblo, pues es demasiado pesado para mí. Si me vas a tratar así, por favor, quítame la vida y no tendré que pasar tantas penas”.
 

Salmo Responsorial Del Salmo 80

R. (2a) Aclamemos a Dios, nuestra fortaleza.
Israel no oyó mi voz, dice el Señor, 
y mi pueblo no quiso obedecerme. 
Los entregué, por eso, a sus caprichos
y los dejé vivir como quisiesen. 
R. Aclamemos a Dios, nuestra fortaleza.
¡Ojalá que mi pueblo me escuchara
y cumpliera Israel con mis mandatos!
Yo, al punto, humillaría a sus enemigos
y sentirían mi mano sus contrarios. 
R. Aclamemos a Dios, nuestra fortaleza.
Los que aborrecen al Señor 
tratarían de adularme,
pero su suerte quedaría fijada.
En cambio, Israel comería de lo mejor del trigo
y yo lo saciaría con miel silvestre. 
R. Aclamemos a Dios, nuestra fortaleza.

Aclamación antes del Evangelio Mt 4, 4

R. Aleluya, aleluya.
No sólo de pan vive el hombre,
sino también de toda palabra
que sale de la boca de Dios.
R. Aleluya.
 

Evangelio Mt 14, 13-21

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, subió a una barca y se dirigió a un lugar apartado y solitario. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Cuando Jesús desembarcó, vio aquella muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los enfermos.

Como ya se hacía tarde, se acercaron sus discípulos a decirle: “Estamos en despoblado y empieza a oscurecer. Despide a la gente para que vayan a los caseríos y compren algo de comer”. Pero Jesús les replicó: “No hace falta que vayan. Denles ustedes de comer”. Ellos le contestaron: “No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados”. El les dijo: “Tráiganmelos”.

Luego mandó que la gente se sentara sobre el pasto. Tomó los cinco panes y los dos pescados, y mirando al cielo, pronunció una bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran a la gente. Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que habían sobrado, se llenaron doce canastos. Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños.
 

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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

Monday of the Eighteenth Week in Ordinary Time

Reading I Nm 11:4b-15

The children of Israel lamented,
“Would that we had meat for food!
We remember the fish we used to eat without cost in Egypt,
and the cucumbers, the melons, the leeks,
the onions, and the garlic.
But now we are famished;
we see nothing before us but this manna.”

Manna was like coriander seed and had the color of resin.
When they had gone about and gathered it up,
the people would grind it between millstones or pound it in a mortar,
then cook it in a pot and make it into loaves,
which tasted like cakes made with oil.
At night, when the dew fell upon the camp, the manna also fell. 

When Moses heard the people, family after family,
crying at the entrance of their tents,
so that the LORD became very angry, he was grieved.
“Why do you treat your servant so badly?” Moses asked the Lord.
“Why are you so displeased with me
that you burden me with all this people?
Was it I who conceived all this people? 
Or was it I who gave them birth,
that you tell me to carry them at my bosom,
like a foster father carrying an infant,
to the land you have promised under oath to their fathers?
Where can I get meat to give to all this people?
For they are crying to me,
‘Give us meat for our food.’
I cannot carry all this people by myself,
for they are too heavy for me.
If this is the way you will deal with me,
then please do me the favor of killing me at once,
so that I need no longer face this distress.”

Responsorial Psalm 81:12-13, 14-15, 16-17

R.    (2a)  Sing with joy to God our help.
“My people heard not my voice,
    and Israel obeyed me not;
So I gave them up to the hardness of their hearts;
    they walked according to their own counsels.”
R.    Sing with joy to God our help.
“If only my people would hear me,
    and Israel walk in my ways,
Quickly would I humble their enemies;
    against their foes I would turn my hand.”
R.    Sing with joy to God our help.
“Those who hated the LORD would seek to flatter me,
    but their fate would endure forever,
While Israel I would feed with the best of wheat,
    and with honey from the rock I would fill them.”
R.    Sing with joy to God our help.

Alleluia Mt 4:4

R. Alleluia, alleluia.
One does not live on bread alone,
but on every word that comes forth from the mouth of God.
R. Alleluia, alleluia.

Gospel Mt 14:13-21

When Jesus heard of the death of John the Baptist,
he withdrew in a boat to a deserted place by himself.
The crowds heard of this and followed him on foot from their towns.
When he disembarked and saw the vast crowd,
his heart was moved with pity for them, and he cured their sick.
When it was evening, the disciples approached him and said,
“This is a deserted place and it is already late;
dismiss the crowds so that they can go to the villages
and buy food for themselves.”
He said to them, “There is no need for them to go away;
give them some food yourselves.”
But they said to him,
“Five loaves and two fish are all we have here.”
Then he said, “Bring them here to me,”
and he ordered the crowds to sit down on the grass.
Taking the five loaves and the two fish, and looking up to heaven,
he said the blessing, broke the loaves,
and gave them to the disciples,
who in turn gave them to the crowds.
They all ate and were satisfied,
and they picked up the fragments left over–
twelve wicker baskets full.
Those who ate were about five thousand men,
not counting women and children.

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Lectionary for Mass for Use in the Dioceses of the United States, second typical edition, Copyright © 2001, 1998, 1997, 1986, 1970 Confraternity of Christian Doctrine; Psalm refrain © 1968, 1981, 1997, International Committee on English in the Liturgy, Inc. All rights reserved. Neither this work nor any part of it may be reproduced, distributed, performed or displayed in any medium, including electronic or digital, without permission in writing from the copyright owner.

XVIII Domingo ordinario

Lectura I Ex 16, 2-4. 12-15

En aquellos días, toda la comunidad de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto, diciendo: “Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos. Ustedes nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud”.

Entonces dijo el Señor a Moisés: “Voy a hacer que llueva pan del cielo. Que el pueblo salga a recoger cada día lo que necesita, pues quiero probar si guarda mi ley o no. He oído las murmuraciones de los hijos de Israel. Diles de parte mía: ‘Por la tarde comerán carne y por la mañana se hartarán de pan, para que sepan que yo soy el Señor, su Dios’ ”.

Aquella misma tarde, una bandada de codornices cubrió el campamento. A la mañana siguiente había en torno a él una capa de rocío que, al evaporarse, dejó el suelo cubierto con una especie de polvo blanco semejante a la escarcha. Al ver eso, los israelitas se dijeron unos a otros: “¿Qué es esto?”, pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: “Éste es el pan que el Señor les da por alimento”.
 

Salmo Responsorial Del Salmo 77

R. (24b) El Señor les dio pan del cielo.
Cuanto hemos escuchado y conocemos
del poder del Señor y de su gloria, 
cuanto nos han narrado nuestros padres, 
nuestros hijos lo oirán de nuestra boca. R.  
R. El Señor les dio pan del cielo.
A las nubes mandó desde lo alto
que abrieran las compuertas de los cielos; 
hizo llover maná sobre su pueblo,
trigo celeste envió como alimento. R. 
R. El Señor les dio pan del cielo.
Así el hombre comió pan de los ángeles;
Dios le dio de comer en abundancia
y luego los condujo hasta la tierra
y el monte que su diestra conquistara. R. 
R. El Señor les dio pan del cielo.

Lectura II Ef 4, 17. 20-24

Hermanos: Declaro y doy testimonio en el Señor, de que no deben ustedes vivir como los paganos, que proceden conforme a lo vano de sus criterios. Esto no es lo que ustedes han aprendido de Cristo; han oído hablar de él y en él han sido adoctrinados, conforme a la verdad de Jesús. Él les ha enseñado a abandonar su antiguo modo de vivir, ese viejo yo, corrompido por deseos de placer.

Dejen que el Espíritu renueve su mente y revístanse del nuevo yo, creado a imagen de Dios, en la justicia y en la santidad de la verdad.
 

Aclamación antes del Evangelio Mt 4, 4b

R. Aleluya, aleluya.
No sólo de pan vive el hombre,
sino también de toda palabra
que sale de la boca de Dios.
R. Aleluya.

Evangelio Jn 6, 24-35

En aquel tiempo, cuando la gente vio que en aquella parte del lago no estaban Jesús ni sus discípulos, se embarcaron y fueron a Cafarnaúm para buscar a Jesús.

Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo llegaste acá?” Jesús les contestó: “Yo les aseguro que ustedes no me andan buscando por haber visto señales milagrosas, sino por haber comido de aquellos panes hasta saciarse. No trabajen por ese alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna y que les dará el Hijo del hombre; porque a éste, el Padre Dios lo ha marcado con su sello”.

Ellos le dijeron: “¿Qué necesitamos para llevar a cabo las obras de Dios?” Respondió Jesús: “La obra de Dios consiste en que crean en aquel a quien él ha enviado”. Entonces la gente le preguntó a Jesús: “¿Qué signo vas a realizar tú, para que la veamos y podamos creerte? ¿Cuáles son tus obras? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo”.

Jesús les respondió: “Yo les aseguro: No fue Moisés quien les dio pan del cielo; es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que baja del cielo y da la vida al mundo”.

Entonces le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”. Jesús les contestó: “Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed”.
 

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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

Eighteenth Sunday in Ordinary Time

Reading I Ex 16:2-4, 12-15

The whole Israelite community grumbled against Moses and Aaron. 
The Israelites said to them,
“Would that we had died at the LORD’s hand in the land of Egypt,
as we sat by our fleshpots and ate our fill of bread! 
But you had to lead us into this desert
to make the whole community die of famine!”

Then the LORD said to Moses,
“I will now rain down bread from heaven for you. 
Each day the people are to go out and gather their daily portion;
thus will I test them,
to see whether they follow my instructions or not.

“I have heard the grumbling of the Israelites. 
Tell them: In the evening twilight you shall eat flesh,
and in the morning you shall have your fill of bread,
so that you may know that I, the LORD, am your God.”

In the evening quail came up and covered the camp. 
In the morning a dew lay all about the camp,
and when the dew evaporated, there on the surface of the desert
were fine flakes like hoarfrost on the ground. 
On seeing it, the Israelites asked one another, “What is this?”
for they did not know what it was. 
But Moses told them,
“This is the bread that the LORD has given you to eat.”

Responsorial Psalm Ps 78:3-4, 23-24, 25, 54

R. (24b)  The Lord gave them bread from heaven.
What we have heard and know,
    and what our fathers have declared to us,
we will declare to the generation to come
    the glorious deeds of the LORD and his strength
    and the wonders that he wrought.
R. The Lord gave them bread from heaven.
He commanded the skies above
    and opened the doors of heaven;
he rained manna upon them for food
    and gave them heavenly bread.
R. The Lord gave them bread from heaven.
Man ate the bread of angels,
    food he sent them in abundance.
And he brought them to his holy land,
    to the mountains his right hand had won.
R. The Lord gave them bread from heaven.

Reading II Eph 4:17, 20-24

Brothers and sisters:
I declare and testify in the Lord
that you must no longer live as the Gentiles do,
in the futility of their minds;
that is not how you learned Christ,
assuming that you have heard of him and were taught in him,
as truth is in Jesus,
that you should put away the old self of your former way of life,
corrupted through deceitful desires,
and be renewed in the spirit of your minds,
and put on the new self,
created in God’s way in righteousness and holiness of truth.

Alleluia Mt 4:4b

R. Alleluia, alleluia.
One does not live on bread alone,
but by every word that comes forth from the mouth of God.
R. Alleluia, alleluia.

Gospel Jn 6:24-35

When the crowd saw that neither Jesus nor his disciples were there,
they themselves got into boats
and came to Capernaum looking for Jesus. 
And when they found him across the sea they said to him,
“Rabbi, when did you get here?” 
Jesus answered them and said,
“Amen, amen, I say to you,
you are looking for me not because you saw signs
but because you ate the loaves and were filled. 
Do not work for food that perishes
but for the food that endures for eternal life,
which the Son of Man will give you. 
For on him the Father, God, has set his seal.” 
So they said to him,
“What can we do to accomplish the works of God?” 
Jesus answered and said to them,
“This is the work of God, that you believe in the one he sent.” 
So they said to him,
“What sign can you do, that we may see and believe in you? 
What can you do? 
Our ancestors ate manna in the desert, as it is written:
    He gave them bread from heaven to eat.”
So Jesus said to them,
“Amen, amen, I say to you,
it was not Moses who gave the bread from heaven;
my Father gives you the true bread from heaven. 
For the bread of God is that which comes down from heaven
and gives life to the world.”

So they said to him,
“Sir, give us this bread always.” 
Jesus said to them,
“I am the bread of life;
whoever comes to me will never hunger,
and whoever believes in me will never thirst.”

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Lectionary for Mass for Use in the Dioceses of the United States, second typical edition, Copyright © 2001, 1998, 1997, 1986, 1970 Confraternity of Christian Doctrine; Psalm refrain © 1968, 1981, 1997, International Committee on English in the Liturgy, Inc. All rights reserved. Neither this work nor any part of it may be reproduced, distributed, performed or displayed in any medium, including electronic or digital, without permission in writing from the copyright owner.

Memoria de San Ignacio de Loyola, Presbítero

Lectura I Lv 25, 1. 8-17

El Señor habló a Moisés en el monte Sinaí y le dijo: “Contarás siete semanas de años, siete por siete, o sea, cuarenta y nueve años. El día diez del séptimo mes, es decir, el día de la Expiación, harán sonar las trompetas y las harán sonar por todo el país.

Declararán santo el año cincuenta y proclamarán la liberación para todos los habitantes del país. Será para ustedes un año de jubileo; cada uno de ustedes recobrará sus propiedades y volverá a su familia.

El año cincuenta será para ustedes un año de jubileo; no sembrarán ni cosecharán lo que los campos produzcan por sí mismos; no harán la vendimia de las viñas sin cultivar. Puesto que es el año del jubileo, será sagrado para ustedes. Comerán de los productos de la cosecha anterior.

En este año jubilar todos recobrarán sus propiedades. Cuando le vendas o le compres alguna cosa a tu prójimo, no lo engañes. Ponle precio a lo que le compres a tu prójimo, atendiendo al número de años transcurridos desde el último jubileo; él te venderá a ti atendiendo a las cosechas anuales. Mientras más años falten para el jubileo, más aumentará el precio; mientras menos tiempo falte, más rebajarás el precio; porque lo que tu prójimo te vende son las cosechas que faltan.

Ninguno de ustedes haga daño a su hermano; antes bien, teman a su Dios, porque yo soy el Señor, Dios de ustedes’’.

Salmo Responsorial Del Salmo 66

R. (4) Que te alaben, Señor, todo los pueblos.
Ten piedad de nosotros y bendícenos; 
vuelve, Señor, tus ojos a nosotros. 
Que conozca la tierra tu bondad
y los pueblos tu obra salvadora. 
R. Que te alaben, Señor, todo los pueblos.
Las naciones con júbilo te canten, 
porque juzgas al mundo con justicia;
con equidad tú juzgas a los pueblos 
y riges en la tierra a las naciones. 
R. Que te alaben, Señor, todo los pueblos.
La tierra ha producido ya sus frutos,
Dios nos has bendecido.
Que nos bendiga Dios 
y que le rinda honor el mundo entero. 
R. Que te alaben, Señor, todo los pueblos.
 

Aclamación antes del Evangelio Mt 5, 10

R. Aleluya, aleluya.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el Reino de los cielos, dice el Señor.
R. Aleluya.
 

Evangelio Mt 14, 1-12

En aquel tiempo, el rey Herodes oyó lo que contaban de Jesús y les dijo a sus cortesanos: “Es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas”.

Herodes había apresado a Juan y lo había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, pues Juan le decía a Herodes que no le estaba permitido tenerla por mujer. Y aunque quería quitarle la vida, le tenía miedo a la gente, porque creían que Juan era un profeta.

Pero llegó el cumpleaños de Herodes, y la hija de Herodías bailó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que le pidiera. Ella, aconsejada por su madre, le dijo: “Dame, sobre esta bandeja, la cabeza de Juan el Bautista”.

El rey se entristeció, pero a causa de su juramento y por no quedar mal con los invitados, ordenó que se la dieran; y entonces mandó degollar a Juan en la cárcel. Trajeron, pues, la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven y ella se la llevó a su madre.

Después vinieron los discípulos de Juan, recogieron el cuerpo, lo sepultaron, y luego fueron a avisarle a Jesús.

– – –

Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

Memorial of Saint Ignatius of Loyola, Priest

Reading I Lv 25:1, 8-17

The LORD said to Moses on Mount Sinai,
“Seven weeks of years shall you count–seven times seven years–
so that the seven cycles amount to forty-nine years.
Then, on the tenth day of the seventh month, let the trumpet resound;
on this, the Day of Atonement, the trumpet blast shall re-echo
throughout your land.
This fiftieth year you shall make sacred
by proclaiming liberty in the land for all its inhabitants.
It shall be a jubilee for you,
when every one of you shall return to his own property,
every one to his own family estate.
In this fiftieth year, your year of jubilee,
you shall not sow, nor shall you reap the aftergrowth
or pick the grapes from the untrimmed vines.
Since this is the jubilee, which shall be sacred for you,
you may not eat of its produce,
except as taken directly from the field.

“In this year of jubilee, then,
every one of you shall return to his own property.
Therefore, when you sell any land to your neighbor
or buy any from him, do not deal unfairly.
On the basis of the number of years since the last jubilee
shall you purchase the land from your neighbor;
and so also, on the basis of the number of years for crops,
shall he sell it to you.
When the years are many, the price shall be so much the more;
when the years are few, the price shall be so much the less.
For it is really the number of crops that he sells you.
Do not deal unfairly, then; but stand in fear of your God.
I, the LORD, am your God.”

Responsorial Psalm 67:2-3, 5, 7-8

R.     (4)  O God, let all the nations praise you!
May God have pity on us and bless us;
    may he let his face shine upon us.
So may your way be known upon earth;
    among all nations, your salvation.
R.    O God, let all the nations praise you!
May the nations be glad and exult
    because you rule the peoples in equity;
    the nations on the earth you guide.
R.    O God, let all the nations praise you!
The earth has yielded its fruits;
    God, our God, has blessed us.
May God bless us,
    and may all the ends of the earth fear him!
R.    O God, let all the nations praise you!

Alleluia Mt 5:10

R. Alleluia, alleluia.
Blessed are they who are persecuted for the sake of righteousness
for theirs is the Kingdom of heaven.
R. Alleluia, alleluia.

Gospel Mt 14:1-12

Herod the tetrarch heard of the reputation of Jesus
and said to his servants, “This man is John the Baptist.
He has been raised from the dead;
that is why mighty powers are at work in him.”

Now Herod had arrested John, bound him, and put him in prison
on account of Herodias, the wife of his brother Philip,
for John had said to him,
“It is not lawful for you to have her.”
Although he wanted to kill him, he feared the people,
for they regarded him as a prophet.
But at a birthday celebration for Herod,
the daughter of Herodias performed a dance before the guests
and delighted Herod so much
that he swore to give her whatever she might ask for.
Prompted by her mother, she said,
“Give me here on a platter the head of John the Baptist.”
The king was distressed, 
but because of his oaths and the guests who were present,
he ordered that it be given, and he had John beheaded in the prison.
His head was brought in on a platter and given to the girl,
who took it to her mother.
His disciples came and took away the corpse
and buried him; and they went and told Jesus.

– – –

Lectionary for Mass for Use in the Dioceses of the United States, second typical edition, Copyright © 2001, 1998, 1997, 1986, 1970 Confraternity of Christian Doctrine; Psalm refrain © 1968, 1981, 1997, International Committee on English in the Liturgy, Inc. All rights reserved. Neither this work nor any part of it may be reproduced, distributed, performed or displayed in any medium, including electronic or digital, without permission in writing from the copyright owner.

Friday of the Seventeenth Week in Ordinary Time

Reading I Lv 23:1, 4-11, 15-16, 27, 34b-37

The LORD said to Moses,
“These are the festivals of the LORD which you shall celebrate
at their proper time with a sacred assembly.
The Passover of the LORD falls on the fourteenth day of the first month,
at the evening twilight.
The fifteenth day of this month is the LORD’s feast of Unleavened Bread.
For seven days you shall eat unleavened bread.
On the first of these days you shall hold a sacred assembly
and do no sort of work.
On each of the seven days you shall offer an oblation to the LORD.
Then on the seventh day you shall again hold a sacred assembly
and do no sort of work.”

The LORD said to Moses, “Speak to the children of Israel and tell them:
When you come into the land which I am giving you,
and reap your harvest,
you shall bring a sheaf of the first fruits of your harvest
to the priest, who shall wave the sheaf before the LORD
that it may be acceptable for you.
On the day after the sabbath the priest shall do this.

“Beginning with the day after the sabbath,
the day on which you bring the wave-offering sheaf,
you shall count seven full weeks,
and then on the day after the seventh week, the fiftieth day,
you shall present the new cereal offering to the LORD.

“The tenth of this seventh month is the Day of Atonement,
when you shall hold a sacred assembly and mortify yourselves
and offer an oblation to the LORD.

“The fifteenth day of this seventh month is the LORD’s feast of Booths,
which shall continue for seven days.
On the first day there shall be a sacred assembly,
and you shall do no sort of work.
For seven days you shall offer an oblation to the LORD,
and on the eighth day you shall again hold a sacred assembly
and offer an oblation to the LORD.
On that solemn closing you shall do no sort of work.

“These, therefore, are the festivals of the LORD
on which you shall proclaim a sacred assembly,
and offer as an oblation to the LORD burnt offerings and cereal offerings,
sacrifices and libations, as prescribed for each day.”

Responsorial Psalm 81:3-4, 5-6, 10-11ab

R.     (2a)  Sing with joy to God our help.
Take up a melody, and sound the timbrel,
    the pleasant harp and the lyre.
Blow the trumpet at the new moon,
    at the full moon, on our solemn feast.
R.     Sing with joy to God our help.
For it is a statute in Israel,
    an ordinance of the God of Jacob,
Who made it a decree for Joseph
    when he came forth from the land of Egypt.
R.     Sing with joy to God our help.
There shall be no strange god among you
    nor shall you worship any alien god.
I, the LORD, am your God
    who led you forth from the land of Egypt.
R.     Sing with joy to God our help.

Alleluia 1 Pt 1:25

R. Alleluia, alleluia.
The word of the Lord remains forever;
This is the word that has been proclaimed to you.
R. Alleluia, alleluia.

Gospel Mt 13:54-58

Jesus came to his native place and taught the people in their synagogue.
They were astonished and said,
“Where did this man get such wisdom and mighty deeds?
Is he not the carpenter’s son?
Is not his mother named Mary
and his brothers James, Joseph, Simon, and Judas?
Are not his sisters all with us?
Where did this man get all this?”
And they took offense at him.
But Jesus said to them,
“A prophet is not without honor except in his native place
and in his own house.”

And he did not work many mighty deeds there
because of their lack of faith.

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Lectionary for Mass for Use in the Dioceses of the United States, second typical edition, Copyright © 2001, 1998, 1997, 1986, 1970 Confraternity of Christian Doctrine; Psalm refrain © 1968, 1981, 1997, International Committee on English in the Liturgy, Inc. All rights reserved. Neither this work nor any part of it may be reproduced, distributed, performed or displayed in any medium, including electronic or digital, without permission in writing from the copyright owner.

Viernes de la XVII semana del Tiempo ordinario

Lectura I Lv 23, 1. 4-11. 15-16. 27. 34b-37

El Señor habló a Moisés y le dijo: “Estas son las festividades del Señor, en las que convocarán a asambleas litúrgicas.

El día catorce del primer mes, al atardecer, es la fiesta de la Pascua del Señor. El día quince del mismo mes es la fiesta de los panes Ázimos, dedicada al Señor. Comerán panes sin levadura durante siete días. El primer día de éstos se reunirán en asamblea litúrgica y no harán trabajos serviles. Los siete días harán ofrendas al Señor. El séptimo día se volverán a reunir en asamblea litúrgica y no harán trabajos serviles’’.

El Señor volvió a hablar a Moisés y le dijo: “Di a los hijos de Israel: ‘Cuando entren en la tierra que yo les voy a dar y recojan la cosecha, le llevarán la primera gavilla al sacerdote, quien la agitará ritualmente en presencia del Señor el día siguiente al sábado, para que sea aceptada.

Pasadas siete semanas completas, contando desde el día siguiente al sábado en que lleven la gavilla para la agitación ritual, hasta el día siguiente al séptimo sábado, es decir, a los cincuenta días, harán una nueva ofrenda al Señor.

El día diez del séptimo mes es el día de la Expiación. Se reunirán en asamblea litúrgica, harán penitencia y presentarán una ofrenda al Señor.

El día quince de este séptimo mes comienza la fiesta de los Campamentos, dedicada al Señor, y dura siete días. El primer día se reunirán en asamblea litúrgica. No harán trabajos serviles. Los siete días harán ofrendas al Señor. El octavo día volverán a reunirse en asamblea litúrgica y a hacer una ofrenda al Señor. Es día de reunión religiosa solemne. No harán trabajos serviles.

Estas son las festividades del Señor, en las que se reunirán en asamblea litúrgica y ofrecerán al Señor oblaciones, holocaustos y ofrendas, sacrificios de comunión y libaciones, según corresponde a cada día’ ”.

Salmo Responsorial Del Salmo 80

R. (2a) Aclamemos al Señor, nuestro Dios.
Entonemos un canto
al son de las guitarras y del arpa. 
Que suene la trompeta en esta fiesta
que conmemora nuestra alianza. 
R. Aclamemos al Señor, nuestro Dios.
Porque ésta es una ley en Israel,
es un precepto que el Dios de Jacob
estableció para su pueblo, 
cuando lo rescató de Egipto. 
R. Aclamemos al Señor, nuestro Dios.
“No tendrás otro Dios fuera de mí
ni adorarás a dioses extranjeros.
Pues yo, el Señor, soy el Dios tuyo,
el que te sacó de Egipto, tu destierro”. 
R. Aclamemos al Señor, nuestro Dios.

Aclamación antes del Evangelio 1 Pedro 1, 25

R. Aleluya, aleluya.
La palabra de Dios permanece para siempre.
Y ésa es la palabra que se les ha anunciado.
R. Aleluya.
 

Evangelio Mt 13, 54-58

En aquel tiempo, Jesús llegó a su tierra y se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal forma, que todos estaban asombrados y se preguntaban: “¿De dónde ha sacado éste esa sabiduría y esos poderes milagrosos? ¿Acaso no es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama María su madre y no son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿Qué no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde, pues, ha sacado todas estas cosas?” Y se negaban a creer en él.

Entonces, Jesús les dijo: “Un profeta no es despreciado más que en su patria y en su casa”. Y no hizo muchos milagros allí por la incredulidad de ellos.
 

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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.