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Memoria de San Francisco de Sales, obispo y doctor de la iglesia

Primera lectura 2 Sm 5, 1-7. 10

En aquellos días, todas las tribus de Israel fueron a Hebrón a ver a David, de la tribu de Judá, y le dijeron: “Somos de tu misma sangre. Ya desde antes, aunque Saúl reinaba sobre nosotros, tú eras el que conducía a Israel, pues ya el Señor te había dicho: ‘Tú serás el pastor de Israel, mi pueblo; tú serás su guía’”.

Así pues, los ancianos de Israel fueron a Hebrón a ver a David, rey de Judá. David hizo con ellos un pacto en presencia del Señor y ellos lo ungieron como rey de todas las tribus de Israel.

David tenía treinta años, cuando comenzó a reinar. Primero reinó en Hebrón, sobre Judá, siete años y tres meses. Después, en Jerusalén, reinó sobre todo Israel y Judá, treinta y tres años. En total, su reinado duró cuarenta años.

Una vez ungido rey, David y sus hombres marcharon a Jerusalén, contra los yebuseos que habitaban aquella tierra. Éstos le dijeron a David: “Tú no entrarás aquí, pues los ciegos y los cojos bastarán para rechazarte. Ellos mismos dicen: ‘David jamás entrará aquí’”. Él, sin embargo, tomó la fortaleza de Sión, que en adelante se llamó “la ciudad de David”. David se hacía cada vez más poderoso y el Señor estaba con él.

Salmo Responsorial Salmo 88, 20. 21-22. 25-26

R. (25a) Contará con mi amor y mi lealtad.
Hablando tú en visión tus amigos
un día les dijiste:
“He escogido a un valiente de mi pueblo
y he ceñido a sus sienes la corona. R.
R. Contará con mi amor y mi lealtad.
He encontrado a David, mi servidor,
y con mi aceite santo lo he ungido.
Lo sostendrá mi mano
y le dará mi brazo fortaleza. R.
R. Contará con mi amor y mi lealtad.
Contará con mi amor y mi lealtad.
y su poder aumentará en mi nombre.
Extenderé su imperio sobre el mar,
sobre los ríos todos, su dominio”. R
R. Contará con mi amor y mi lealtad.

Aclamación antes del Evangelio Cfr 2 Tim 1, 10

R. Aleluya, aleluya.
Jesucristo, nuestro Salvador, ha vencido la muerte y ha hecho resplandecer la vida por medio del Evangelio.
R. Aleluya.

Evangelio Mc 3, 22-30

En aquel tiempo, los escribas que habían venido de Jerusalén, decían acerca de Jesús: “Este hombre está poseído por Satanás, príncipe de los demonios, y por eso los echa fuera”.

Jesús llamó entonces a los escribas y les dijo en parábolas: “¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Porque si un reino está dividido en bandos opuestos no puede subsistir. Una familia dividida tampoco puede subsistir. De la misma manera, si Satanás se rebela contra sí mismo y se divide, no podrá subsistir, pues ha llegado su fin. Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y llevarse sus cosas, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa.

Yo les aseguro que a los hombres se les perdonarán todos sus pecados y todas sus blasfemias. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo nunca tendrá perdón; será reo de un pecado eterno”. Jesús dijo esto, porque lo acusaban de estar poseído por un espíritu inmundo.
 

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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

Memorial of Saint Francis de Sales, Bishop and Doctor of the Church

Reading I 2 Sm 5:1-7, 10

All the tribes of Israel came to David in Hebron and said:
“Here we are, your bone and your flesh.
In days past, when Saul was our king, 
it was you who led the children of Israel out and brought them back.
And the LORD said to you, ‘You shall shepherd my people Israel 
and shall be commander of Israel.’”
When all the elders of Israel came to David in Hebron, 
King David made an agreement with them there before the LORD, 
and they anointed him king of Israel.
David was thirty years old when he became king, 
and he reigned for forty years: 
seven years and six months in Hebron over Judah, 
and thirty-three years in Jerusalem
over all Israel and Judah.

Then the king and his men set out for Jerusalem 
against the Jebusites who inhabited the region.
David was told, “You cannot enter here: 
the blind and the lame will drive you away!” 
which was their way of saying, “David cannot enter here.”
But David did take the stronghold of Zion, which is the City of David. 

David grew steadily more powerful,
for the LORD of hosts was with him.

Responsorial Psalm 89:20, 21-22, 25-26

R.        (25a)  My faithfulness and my mercy shall be with him.
Once you spoke in a vision,
            and to your faithful ones you said:
“On a champion I have placed a crown;
            over the people I have set a youth.”
R.        My faithfulness and my mercy shall be with him.
“I have found David, my servant;
            with my holy oil I have anointed him,
That my hand may be always with him,
            and that my arm may make him strong.”
R.        My faithfulness and my mercy shall be with him.
“My faithfulness and my mercy shall be with him,
            and through my name shall his horn be exalted.
I will set his hand upon the sea,
            his right hand upon the rivers.”
R.        My faithfulness and my mercy shall be with him.

Alleluia See 2 Tm 1:10

R. Alleluia, alleluia.
Our Savior Jesus Christ has destroyed death
and brought life to light through the Gospel.
R. Alleluia, alleluia.

Gospel Mk 3:22-30

The scribes who had come from Jerusalem said of Jesus, 
“He is possessed by Beelzebul,” and
“By the prince of demons he drives out demons.”

Summoning them, he began to speak to them in parables, 
“How can Satan drive out Satan?
If a kingdom is divided against itself, that kingdom cannot stand.
And if a house is divided against itself, 
that house will not be able to stand.
And if Satan has risen up against himself and is divided, 
he cannot stand; 
that is the end of him.
But no one can enter a strong man’s house to plunder his property 
unless he first ties up the strong man.
Then he can plunder his house.  
Amen, I say to you, all sins and all blasphemies 
that people utter will be forgiven them.
But whoever blasphemes against the Holy Spirit 
will never have forgiveness, 
but is guilty of an everlasting sin.”
For they had said, “He has an unclean spirit.” 

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Lectionary for Mass for Use in the Dioceses of the United States, second typical edition, Copyright © 2001, 1998, 1997, 1986, 1970 Confraternity of Christian Doctrine; Psalm refrain © 1968, 1981, 1997, International Committee on English in the Liturgy, Inc. All rights reserved. Neither this work nor any part of it may be reproduced, distributed, performed or displayed in any medium, including electronic or digital, without permission in writing from the copyright owner.

III Domingo Ordinario

Primera Lectura Neh 8, 2-4a. 5-6. 8-10

En aquellos días, Esdras, el sacerdote, trajo el libro de la ley ante la asamblea, formada por los hombres, las mujeres y todos los que tenían uso de razón.

Era el día primero del mes séptimo, y Esdras leyó desde el amanecer hasta el mediodía, en la plaza que está frente a la puerta del Agua, en presencia de los hombres, las mujeres y todos los que tenían uso de razón. Todo el pueblo estaba atento a la lectura del libro de la ley. Esdras estaba de pie sobre un estrado de madera, levantado para esta ocasión. Esdras abrió el libro a la vista del pueblo, pues estaba en un sitio más alto que todos, y cuando lo abrió, el pueblo entero se puso de pie. Esdras bendijo entonces al Señor, el gran Dios, y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: “¡Amén!”, e inclinándose, se postraron rostro en tierra. Los levitas leían el libro de la ley de Dios con claridad y explicaban el sentido, de suerte que el pueblo comprendía la lectura.

Entonces Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote y escriba, y los levitas que instruían a la gente, dijeron a todo el pueblo: “Éste es un día consagrado al Señor, nuestro Dios. No estén ustedes tristes ni lloren (porque todos lloraban al escuchar las palabras de la ley). Vayan a comer espléndidamente, tomen bebidas dulces y manden algo a los que nada tienen, pues hoy es un día consagrado al Señor, nuestro Dios. No estén tristes, porque celebrar al Señor es nuestra fuerza”.
 

Salmo Responsorial Salmo 18, 8. 9. 10. 15

R. (Jn 6, 63c) Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
La ley del Señor es perfecta del todo
y reconforta el alma;
inmutables son las palabras del Señor
y hacen sabio al sencillo
. R.
R. Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
En los mandamientos del Señor hay rectitud
y alegría para el corazón;
son luz los preceptos del Señor
para alumbrar el camino
. R.
R. Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
La voluntad de Dios es santa
y para siempre estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos

y eternamente justos
. R.
R. Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
Que sean gratas las palabras de mi boca,
y los anhelos de mi corazón.
Haz, Señor, que siempre te busque,
pues eres mi refugio y salvación
. R.
R. Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.

 

Segunda Lectura 1 Cor 12:12-30

Hermanos: Así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros y todos ellos, a pesar de ser muchos, forman un solo cuerpo, así también es Cristo. Porque todos nosotros, seamos judíos o no judíos, esclavos o libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo, y a todos se nos ha dado a beber del mismo Espíritu.

El cuerpo no se compone de un solo miembro, sino de muchos. Si el pie dijera: “No soy mano, entonces no formo parte del cuerpo”, ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Y si el oído dijera: “Puesto que no soy ojo, no soy del cuerpo”, ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿con qué oiríamos? Y si todo el cuerpo fuera oído, ¿con qué oleríamos? Ahora bien, Dios ha puesto los miembros del cuerpo cada uno en su lugar, según lo quiso. Si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?

Cierto que los miembros son muchos, pero el cuerpo es uno solo. El ojo no puede decirle a la mano: “No te necesito”; ni la cabeza, a los pies: “Ustedes no me hacen falta”. Por el contrario, los miembros que parecen más débiles son los más necesarios. Y a los más íntimos los tratamos con mayor decoro, porque los demás no lo necesitan. Así formó Dios el cuerpo, dando más honor a los miembros que carecían de él, para que no haya división en el cuerpo y para que cada miembro se preocupe de los demás. Cuando un miembro sufre, todos sufren con él; y cuando recibe honores, todos se alegran con él.

Pues bien, ustedes son el cuerpo de Cristo y cada uno es un miembro de él. En la Iglesia, Dios ha puesto en primer lugar a los apóstoles; en segundo lugar, a los profetas; en tercer lugar, a los maestros; luego, a los que hacen milagros, a los que tienen el don de curar a los enfermos, a los que ayudan, a los que administran, a los que tienen el don de lenguas y el de interpretarlas. ¿Acaso son todos apóstoles? ¿Son todos profetas? ¿Son todos maestros? ¿Hacen todos milagros? ¿Tienen todos el don de curar? ¿Tienen todos el don de lenguas y todos las interpretan?

O bien:

1 Cor 12, 12-14. 27

Hermanos: Así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros y todos ellos, a pesar de ser muchos, forman un solo cuerpo, así también es Cristo. Porque todos nosotros, seamos judíos o no judíos, esclavos o libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo, y a todos se nos ha dado a beber del mismo Espíritu. Ustedes son el cuerpo de Cristo y cada uno es un miembro de él.

 

Aclamación antes del Evangelio Lc 4, 18

R. Aleluya, aleluya.
El Señor me ha enviado
para anunciar a los pobres la buena nueva
y proclamar la liberación a los cautivos.
R. Aleluya.

Evangelio Lc 1, 1-4; 4, 14-21

Muchos han tratado de escribir la historia de las cosas que pasaron entre nosotros, tal y como nos las trasmitieron los que las vieron desde el principio y que ayudaron en la predicación. Yo también, ilustre Teófilo, después de haberme informado minuciosamente de todo, desde sus principios, pensé escribírtelo por orden, para que veas la verdad de lo que se te ha enseñado.

(Después de que Jesús fue tentado por el demonio en el desierto), impulsado por el Espíritu, volvió a Galilea. Iba enseñando en las sinagogas; todos lo alababan y su fama se extendió por toda la región. Fue también a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer la lectura. Se le dio el volumen del profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito: El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.

Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó a hablar, diciendo: “Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”.
 

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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

Third Sunday in Ordinary Time

Reading I Neh 8:2-4a, 5-6, 8-10

Ezra the priest brought the law before the assembly,
which consisted of men, women,
and those children old enough to understand.
Standing at one end of the open place that was before the Water Gate,
he read out of the book from daybreak till midday,
in the presence of the men, the women,
and those children old enough to understand;
and all the people listened attentively to the book of the law.
Ezra the scribe stood on a wooden platform 
that had been made for the occasion.
He opened the scroll
so that all the people might see it
— for he was standing higher up than any of the people —;
and, as he opened it, all the people rose.
Ezra blessed the LORD, the great God,
and all the people, their hands raised high, answered, 
“Amen, amen!”
Then they bowed down and prostrated themselves before the LORD,
their faces to the ground.
Ezra read plainly from the book of the law of God,
interpreting it so that all could understand what was read.
Then Nehemiah, that is, His Excellency, and Ezra the priest-scribe
and the Levites who were instructing the people
said to all the people:
“Today is holy to the LORD your God.
Do not be sad, and do not weep”—
for all the people were weeping as they heard the words of the law.
He said further: “Go, eat rich foods and drink sweet drinks,
and allot portions to those who had nothing prepared;
for today is holy to our LORD.
Do not be saddened this day,
for rejoicing in the LORD must be your strength!”

Responsorial Psalm Ps 19:8, 9, 10, 15

R. (cf John 6:63c) Your words, Lord, are Spirit and life.
The law of the LORD is perfect,
            refreshing the soul;
The decree of the LORD is trustworthy,
            giving wisdom to the simple.
R. Your words, Lord, are Spirit and life.
The precepts of the LORD are right,
            rejoicing the heart;
The command of the LORD is clear,
            enlightening the eye.
R. Your words, Lord, are Spirit and life.
The fear of the LORD is pure,
            enduring forever;
The ordinances of the LORD are true,
            all of them just.
R. Your words, Lord, are Spirit and life.
Let the words of my mouth and the thought of my heart
            find favor before you,
O LORD, my rock and my redeemer.
R. Your words, Lord, are Spirit and life.

Reading II 1 Cor 12:12-30

Brothers and sisters:
As a body is one though it has many parts,
and all the parts of the body, though many, are one body,
so also Christ.
For in one Spirit we were all baptized into one body,
whether Jews or Greeks, slaves or free persons,
and we were all given to drink of one Spirit.

Now the body is not a single part, but many.
If a foot should say,
“Because I am not a hand I do not belong to the body, “
it does not for this reason belong any less to the body.
Or if an ear should say,
“Because I am not an eye I do not belong to the body, “
it does not for this reason belong any less to the body.
If the whole body were an eye, where would the hearing be?
If the whole body were hearing, where would the sense of smell be?
But as it is, God placed the parts,
each one of them, in the body as he intended.
If they were all one part, where would the body be?
But as it is, there are many parts, yet one body.
The eye cannot say to the hand, “I do not need you, “
nor again the head to the feet, “I do not need you.”
Indeed, the parts of the body that seem to be weaker
are all the more necessary,
and those parts of the body that we consider less honorable
we surround with greater honor,
and our less presentable parts are treated with greater propriety,
whereas our more presentable parts do not need this.
But God has so constructed the body
as to give greater honor to a part that is without it,
so that there may be no division in the body,
but that the parts may have the same concern for one another.
If one part suffers, all the parts suffer with it;
if one part is honored, all the parts share its joy.

Now you are Christ’s body, and individually parts of it.
Some people God has designated in the church
to be, first, apostles; second, prophets; third, teachers;
then, mighty deeds;
then gifts of healing, assistance, administration,
and varieties of tongues.
Are all apostles? Are all prophets? Are all teachers?
Do all work mighty deeds? Do all have gifts of healing?
Do all speak in tongues? Do all interpret?

OR:

1 Cor 12:12-14, 27

Brothers and sisters:
As a body is one though it has many parts,
and all the parts of the body, though many, are one body,
so also Christ.
For in one Spirit we were all baptized into one body,
whether Jews or Greeks, slaves or free persons,
and we were all given to drink of one Spirit.
Now the body is not a single part, but many.
You are Christ’s body, and individually parts of it.

Alleluia Cf. Lk 4:18

R. Alleluia, alleluia.
The Lord sent me to bring glad tidings to the poor,
and to proclaim liberty to captives.
R. Alleluia, alleluia.

Gospel Lk 1:1-4; 4:14-21

Since many have undertaken to compile a narrative of the events
that have been fulfilled among us,
just as those who were eyewitnesses from the beginning
and ministers of the word have handed them down to us,
I too have decided,
after investigating everything accurately anew,
to write it down in an orderly sequence for you,
most excellent Theophilus, 
so that you may realize the certainty of the teachings
you have received.

Jesus returned to Galilee in the power of the Spirit,
and news of him spread throughout the whole region.
He taught in their synagogues and was praised by all.

He came to Nazareth, where he had grown up,
and went according to his custom 
into the synagogue on the sabbath day.
He stood up to read and was handed a scroll of the prophet Isaiah.
He unrolled the scroll and found the passage where it was written:
            The Spirit of the Lord is upon me,
                        because he has anointed me 
                        to bring glad tidings to the poor.
            He has sent me to proclaim liberty to captives
                        and recovery of sight to the blind,
                        to let the oppressed go free,
                        and to proclaim a year acceptable to the Lord.
Rolling up the scroll, he handed it back to the attendant and sat down,
and the eyes of all in the synagogue looked intently at him.
He said to them,
“Today this Scripture passage is fulfilled in your hearing.”

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Lectionary for Mass for Use in the Dioceses of the United States, second typical edition, Copyright © 2001, 1998, 1997, 1986, 1970 Confraternity of Christian Doctrine; Psalm refrain © 1968, 1981, 1997, International Committee on English in the Liturgy, Inc. All rights reserved. Neither this work nor any part of it may be reproduced, distributed, performed or displayed in any medium, including electronic or digital, without permission in writing from the copyright owner.

Día de oración por la protección legal de los niños no nacidos

Primera Lectura 2 Sm 1, 1-4. 11-12. 17. 19. 23-27

En aquellos días, después de derrotar a los amalecitas, David se fue a Siquelag y ahí permaneció dos días. Al tercer día llegó un hombre del campamento de Saúl, con los vestidos rotos y la cabeza cubierta de polvo. Llegó a donde estaba David y se postró en señal de reverencia. David le preguntó: “¿De dónde vienes?” Él respondió: “Vengo huyendo del campamento de Israel”. David le preguntó: “¿Qué ha pasado? Cuéntamelo”. Él respondió: “El pueblo fue derrotado en la batalla y huyó. Muchos cayeron y entre los muertos se encuentran Saúl y Jonatán”.

Entonces David rasgó sus vestiduras, y lo mismo hicieron los que estaban con él. Prorrumpieron en lamentaciones y llanto, y ayunaron hasta la noche por Saúl y Jonatán, por el pueblo del Señor y por la casa de Israel, pues habían muerto a espada. Entonces David entonó una elegía por Saúl y su hijo Jonatán:

“Tus héroes, Israel, han sido inmolados en tus montañas.
¿Por qué cayeron los valientes?
Saúl y Jonatán, queridos y admirados,
inseparables en la vida y unidos en la muerte,
más veloces que las águilas
y más fuertes que los leones.

Hijas de Israel, lloren por Saúl,
que las vestía de púrpura y de lino
y las cubría de joyas y de oro.

¿Por qué cayeron los valientes en medio de la batalla?
Jonatán yace muerto en tus montañas.
Por ti, Jonatán, hermano mío, estoy lleno de pesar.
Te quise con toda el alma
y tu amistad fue para mí más estimable
que el amor de las mujeres.
¿Por qué cayeron los valientes
y pereció la flor de los guerreros?”
 

Salmo Responsorial Salmo 79, 2-3. 5-7

R. (4b) Señor, vuelve tus ojos a nosotros.
Escúchanos, pastor de Israel,
que guías a José como un rebaño;
tú, que estás rodeado de querubines,
manifiéstate;
ante la ruina de Efraín, Benjamín y Manasés;
despierta tu poder y ven a salvarnos. R.
R. Señor, vuelve tus ojos a nosotros.
Señor, Dios de los ejércitos,
¿hasta cu
ándo seguirás airado
y sordo a las plegarias de tu pueblo?
Nos has dado llanto por comida
y por bebida, lágrimas en abundancia.
Somos la burla de nuestros vecinos,
el hazmerreír de cuantos nos rodean. R.
R. Señor, vuelve tus ojos a nosotros.

Aclamación antes del Evangelio Cfr Hechos 16, 14

R. Aleluya, aleluya.
Abre, Señor, nuestros corazones,
para que aceptemos las palabras de tu Hijo.
R. Aleluya.

Evangelio Mc 3, 20-21

En aquel tiempo, Jesús entró en una casa con sus discípulos y acudió tanta gente, que no los dejaban ni comer. Al enterarse sus parientes, fueron a buscarlo, pues decían que se había vuelto loco.
 

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Day of Prayer for the Legal Protection of Unborn Children

Reading I 2 Sm 1:1-4, 11-12, 19, 23-27

David returned from his defeat of the Amalekites 
and spent two days in Ziklag.
On the third day a man came from Saul’s camp, 
with his clothes torn and dirt on his head.
Going to David, he fell to the ground in homage.
David asked him, “Where do you come from?”
He replied, “I have escaped from the camp of the children of Israel.”
“Tell me what happened,” David bade him.
He answered that many of the soldiers had fled the battle 
and that many of them had fallen and were dead, 
among them Saul and his son Jonathan.

David seized his garments and rent them, 
and all the men who were with him did likewise.
They mourned and wept and fasted until evening 
for Saul and his son Jonathan, 
and for the soldiers of the LORD of the clans of Israel, 
because they had fallen by the sword.

            “Alas! the glory of Israel, Saul, 
            slain upon your heights;
            how can the warriors have fallen!

            “Saul and Jonathan, beloved and cherished,
                        separated neither in life nor in death,
                        swifter than eagles, stronger than lions!
            Women of Israel, weep over Saul,
                        who clothed you in scarlet and in finery,
                        who decked your attire with ornaments of gold.

            “How can the warriors have fallen– 
                        in the thick of the battle,
                        slain upon your heights!

            “I grieve for you, Jonathan my brother!
                        most dear have you been to me;
                        more precious have I held love for you than love for women.

            “How can the warriors have fallen,
                        the weapons of war have perished!”
 

Responsorial Psalm 80:2-3, 5-7

R.        (4b)  Let us see your face, Lord, and we shall be saved.
O shepherd of Israel, hearken,
            O guide of the flock of Joseph!
From your throne upon the cherubim, shine forth
            before Ephraim, Benjamin and Manasseh.
Rouse your power,  
            and come to save us.
R.        Let us see your face, Lord, and we shall be saved.
O LORD of hosts, how long will you burn with anger
            while your people pray?
You have fed them with the bread of tears
            and given them tears to drink in ample measure.
You have left us to be fought over by our neighbors, 
            and our enemies mock us.
R.        Let us see your face, Lord, and we shall be saved.
 

Alleluia See Acts 16:14b

R. Alleluia, alleluia.
Open our hearts, O Lord,
to listen to the words of your Son.
R. Alleluia, alleluia.

Gospel Mk 3:20-21

Jesus came with his disciples into the house.
Again the crowd gathered,
making it impossible for them even to eat.
When his relatives heard of this they set out to seize him, 
for they said, “He is out of his mind.” 

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Memoria de Santa Inés, virgen y mártir

Primera Lectura 1 Sm 24, 3-21

En aquellos días, Saúl tomó consigo tres mil hombres valientes de todo Israel y marchó en busca de David y su gente, en dirección de las rocas llamadas “las Cabras Monteses”, y llegó hasta donde había un redil de ganado, junto al camino. Había allí una cueva, y Saúl entró en ella para satisfacer sus necesidades.

David y sus hombres estaban sentados en el fondo de la cueva. Ellos le dijeron: “Ha llegado el día que te anunció el Señor, cuando te hizo esta promesa: ‘Pondré a tu enemigo entre tus manos, para que hagas con él lo que mejor te parezca’ ”.

David se levantó sin hacer ruido y cortó la punta del manto de Saúl. Pero a David le remordió la conciencia por haber cortado el manto de Saúl y dijo a sus hombres: “Dios me libre de levantar la mano contra el rey, porque es el ungido del Señor”. Con estas palabras contuvo David a sus hombres y no les permitió atacar a Saúl.

Saúl salió de la cueva y siguió su camino. David salió detrás de él y le gritó: “Rey y señor mío”. Y cuando Saúl miró hacia atrás, David le hizo una gran reverencia, inclinando la cabeza hasta el suelo, y le dijo: “¿Por qué haces caso a la gente que dice: ‘David trata de hacerte mal’? Date cuenta de que hoy el Señor te puso en mis manos en la cueva y pude matarte, pero te perdoné la vida, pues me dije: ‘No alzaré mi mano contra el rey, porque es el ungido del Señor’. Mira la punta de tu manto en mi mano. Yo la corté y no te maté. Reconoce, pues, que en mí no hay traición y que no he pecado contra ti. Tú, en cambio, andas buscando la ocasión de quitarme la vida. Que el Señor sea nuestro juez, y que él me haga justicia. Yo no alzaré mi mano contra ti, porque como dice el antiguo proverbio: ‘Los malos obran mal’. ¿Contra quién has salido a guerrear, rey de Israel? ¿A quién persigues? A un perro muerto, a una pulga. Que el Señor sea el juez y nos juzgue a los dos. Que él examine mi causa y me libre de tu mano”.

Cuando David terminó de hablar, Saúl le respondió: “¿Eres tú, David, hijo mío, quien así me habla?” Saúl rompió a llorar y, levantando la voz, le dijo: “Tú eres más justo que yo, porque sólo me haces el bien, mientras que yo busco tu mal. Hoy has demostrado conmigo tu gran bondad, pues el Señor me puso en tus manos, y tú no me has quitado la vida. ¿Qué hombre, que encuentra a su enemigo, le permite seguir su camino en paz? Que el Señor te recompense por lo que hoy has hecho conmigo. Ahora estoy cierto de que llegarás a ser rey y de que el reino de Israel se consolidará en tus manos”

Salmo Responsorial Salmo 56, 2. 3-4. 6 y 11

R. (2a) Señor, apiádate de mí.
Apiádate de mí, Señor, apiádate,
pues en ti me refugio;
me refugio a la sombra de tus alas
hasta que pase el infortunio. R.
R. Señor, apiádate de mí.
Voy a clamar al Dios altísimo,
al Dios que me ha colmado de favores;
desde el cielo, su amor y su lealtad
me salvarán de mis perseguidores. R.
R. Señor, apiádate de mí.
Señor, demuestra tu poder
y llénese la tierra de tu gloria;
pues tu amor es más grande que los cielos
y tu fidelidad las nubes toca. R.
R. Señor, apiádate de mí.

 

Aclamación antes del Evangelio 2 Cor 5, 19

R. Aleluya, aleluya.
Dios ha reconciliado consigo al mundo, por medio de Cristo,
y nos ha encomendado a nosotros
el mensaje de la reconciliación.
R. Aleluya.

 

Evangelio Mc 3, 13-19

En aquel tiempo, Jesús subió al monte, llamó a los que él quiso, y ellos lo siguieron. Constituyó a doce para que se quedaran con él, para mandarlos a predicar y para que tuvieran el poder de expulsar a los demonios.

Constituyó entonces a los Doce: a Simón, al cual le impuso el nombre de Pedro; después, a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, a quienes dio el nombre de Boanergues, es decir “hijos del trueno”; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y a Judas Iscariote, que después lo traicionó.
 

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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.

Memorial of Saint Agnes, Virgin and Martyr

Reading I 1 Sm 24:3-21

Saul took three thousand picked men from all Israel 
and went in search of David and his men 
in the direction of the wild goat crags.
When he came to the sheepfolds along the way, he found a cave, 
which he entered to relieve himself.
David and his men were occupying the inmost recesses of the cave.

David’s servants said to him, 
“This is the day of which the LORD said to you, 
‘I will deliver your enemy into your grasp; 
do with him as you see fit.’”
So David moved up and stealthily cut off an end of Saul’s mantle.
Afterward, however, David regretted that he had cut off 
an end of Saul’s mantle.
He said to his men,
“The LORD forbid that I should do such a thing to my master, 
the LORD’s anointed, as to lay a hand on him, 
for he is the LORD’s anointed.”
With these words David restrained his men 
and would not permit them to attack Saul.
Saul then left the cave and went on his way.
David also stepped out of the cave, calling to Saul, 
“My lord the king!”
When Saul looked back, David bowed to the ground in homage and asked Saul:
“Why do you listen to those who say, 
‘David is trying to harm you’?
You see for yourself today that the Lord just now delivered you 
into my grasp in the cave.
I had some thought of killing you, but I took pity on you instead.
I decided, ‘I will not raise a hand against my lord, 
for he is the LORD’s anointed and a father to me.’
Look here at this end of your mantle which I hold.
Since I cut off an end of your mantle and did not kill you, 
see and be convinced that I plan no harm and no rebellion.
I have done you no wrong, 
though you are hunting me down to take my life.
The LORD will judge between me and you, 
and the LORD will exact justice from you in my case.
I shall not touch you.
The old proverb says, ‘From the wicked comes forth wickedness.’
So I will take no action against you.
Against whom are you on campaign, O king of Israel?
Whom are you pursuing?  A dead dog, or a single flea!
The LORD will be the judge; he will decide between me and you.
May he see this, and take my part,
and grant me justice beyond your reach!”
When David finished saying these things to Saul, Saul answered, 
“Is that your voice, my son David?”
And Saul wept aloud.
Saul then said to David: “You are in the right rather than I; 
you have treated me generously, while I have done you harm.
Great is the generosity you showed me today, 
when the LORD delivered me into your grasp
and you did not kill me.
For if a man meets his enemy, does he send him away unharmed?
May the LORD reward you generously for what you have done this day.
And now, I know that you shall surely be king 
and that sovereignty over Israel shall come into your possession.”

Responsorial Psalm 57:2, 3-4, 6 and 11

R.        (2a)  Have mercy on me, God, have mercy.
Have mercy on me, O God; have mercy on me,
            for in you I take refuge.
In the shadow of your wings I take refuge,
            till harm pass by.
R.        Have mercy on me, God, have mercy.
I call to God the Most High,
            to God, my benefactor.
May he send from heaven and save me;
            may he make those a reproach who trample upon me;
            may God send his mercy and his faithfulness.
R.        Have mercy on me, God, have mercy.
Be exalted above the heavens, O God;
            above all the earth be your glory!
For your mercy towers to the heavens,
            and your faithfulness to the skies.
R.        Have mercy on me, God, have mercy.

Alleluia 2 Cor 5:19

R. Alleluia, alleluia.
God was reconciling the world to himself in Christ,
and entrusting to us the message of reconciliation.
R. Alleluia, alleluia.

Gospel Mk 3:13-19

Jesus went up the mountain and summoned those whom he wanted 
and they came to him.
He appointed Twelve, whom he also named Apostles,
that they might be with him
and he might send them forth to preach 
and to have authority to drive out demons:
He appointed the Twelve:
Simon, whom he named Peter; 
James, son of Zebedee, 
and John the brother of James, whom he named Boanerges, 
that is, sons of thunder;
Andrew, Philip, Bartholomew,
Matthew, Thomas, James the son of Alphaeus; 
Thaddeus, Simon the Cananean,
and Judas Iscariot who betrayed him.

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Lectionary for Mass for Use in the Dioceses of the United States, second typical edition, Copyright © 2001, 1998, 1997, 1986, 1970 Confraternity of Christian Doctrine; Psalm refrain © 1968, 1981, 1997, International Committee on English in the Liturgy, Inc. All rights reserved. Neither this work nor any part of it may be reproduced, distributed, performed or displayed in any medium, including electronic or digital, without permission in writing from the copyright owner.

Thursday of the Second Week in Ordinary Time

Reading I 1 Sm 18:6-9; 19:1-7

When David and Saul approached
(on David’s return after slaying the Philistine), 
women came out from each of the cities of Israel to meet King Saul,
singing and dancing, with tambourines, joyful songs, and sistrums.
The women played and sang:

            “Saul has slain his thousands, 
            and David his ten thousands.”

Saul was very angry and resentful of the song, for he thought:
“They give David ten thousands, but only thousands to me.
All that remains for him is the kingship.”
And from that day on, Saul was jealous of David.

Saul discussed his intention of killing David 
with his son Jonathan and with all his servants.
But Saul’s son Jonathan, who was very fond of David, told him:
“My father Saul is trying to kill you.
Therefore, please be on your guard tomorrow morning; 
get out of sight and remain in hiding.
I, however, will go out and stand beside my father 
in the countryside where you are, and will speak to him about you.
If I learn anything, I will let you know.”

Jonathan then spoke well of David to his father Saul, saying to him:
“Let not your majesty sin against his servant David, 
for he has committed no offense against you, 
but has helped you very much by his deeds.
When he took his life in his hands and slew the Philistine, 
and the LORD brought about a great victory
for all Israel through him, 
you were glad to see it.
Why, then, should you become guilty of shedding innocent blood 
by killing David without cause?”
Saul heeded Jonathan’s plea and swore, 
“As the LORD lives, he shall not be killed.”
So Jonathan summoned David and repeated the whole conversation to him.
Jonathan then brought David to Saul, and David served him as before.

Responsorial Psalm 56:2-3, 9-10a, 10b-11, 12-13

R.        (5b)  In God I trust; I shall not fear.
Have mercy on me, O God, for men trample upon me;
            all the day they press their attack against me.
My adversaries trample upon me all the day;
            yes, many fight against me.
R.        In God I trust; I shall not fear.
My wanderings you have counted;
            my tears are stored in your flask;
            are they not recorded in your book?
Then do my enemies turn back,
            when I call upon you.
R.        In God I trust; I shall not fear.
Now I know that God is with me.
            In God, in whose promise I glory,
            in God I trust without fear;
            what can flesh do against me?
R.        In God I trust; I shall not fear.
I am bound, O God, by vows to you;
            your thank offerings I will fulfill.
For you have rescued me from death,
            my feet, too, from stumbling;
            that I may walk before God in the light of the living.
R.        In God I trust; I shall not fear.

Alleluia See 2 Tm 1:10

R. Alleluia, alleluia.
Our Savior Jesus Christ has destroyed death
and brought life to light through the Gospel.
R. Alleluia, alleluia.

Gospel Mk 3:7-12

Jesus withdrew toward the sea with his disciples.
A large number of people followed from Galilee and from Judea.
Hearing what he was doing, 
a large number of people came to him also from Jerusalem, 
from Idumea, from beyond the Jordan, 
and from the neighborhood of Tyre and Sidon.
He told his disciples to have a boat ready for him because of the crowd, 
so that they would not crush him.
He had cured many and, as a result, those who had diseases
were pressing upon him to touch him.
And whenever unclean spirits saw him they would fall down before him 
and shout, “You are the Son of God.”
He warned them sternly not to make him known.

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Lectionary for Mass for Use in the Dioceses of the United States, second typical edition, Copyright © 2001, 1998, 1997, 1986, 1970 Confraternity of Christian Doctrine; Psalm refrain © 1968, 1981, 1997, International Committee on English in the Liturgy, Inc. All rights reserved. Neither this work nor any part of it may be reproduced, distributed, performed or displayed in any medium, including electronic or digital, without permission in writing from the copyright owner.

Jueves de la II semana del Tiempo ordinario

Primera Lectura 1 Sm 18, 6-9; 19, 1-7

En aquellos días, cuando David regresaba de haber matado al filisteo, las mujeres de todos los poblados salieron a recibir al rey Saúl, danzando y cantando al son de tambores y panderos, y dando grandes gritos de alegría. Al danzar, las mujeres cantaban a coro:

“Mató Saúl a mil,
pero David a diez mil”.

A Saúl le cayeron muy mal esas palabras y se enojó muchísimo y comentó: “A David le atribuyen diez mil, y a mí tan sólo mil. Lo único que le falta es ser rey”. Desde entonces, Saúl miraba a David con rencor.

Un día, Saúl comunicó a su hijo Jonatán y a sus servidores que había decidido matar a David. Pero Jonatán quería mucho a David y le dijo a éste: “Mi padre Saúl trata de matarte. Cuídate, pues, mucho, mañana por la mañana. Retírate a un lugar seguro y escóndete. Yo saldré con mi padre por el campo donde tú estés y le hablaré de ti; veré qué piensa y te lo avisaré”.

Habló entonces Jonatán a su padre en favor de David y le dijo: “No hagas daño, señor mío, a tu siervo David, pues él no te ha hecho ningún mal, sino grandes servicios. Arriesgó su vida para matar al filisteo, con lo cual el Señor dio una gran victoria a todo Israel. Tú mismo lo viste y te alegraste. ¿Por qué, pues, quieres hacerte reo de sangre inocente, matando a David sin motivo?” Al oír esto, se aplacó Saúl y dijo: “Juro por Dios que David no morirá”.

Entonces Jonatán llamó a David y le contó lo sucedido. Luego lo condujo ante Saúl, y David continuó a su servicio, como antes.

Salmo Responsorial Salmo 55

R. (5bc) En el Señor confío y nada temo.
Tenme piedad, Señor, porque me acosan,
me persiguen y atacan todo el día;
me pisan sin cesar mis enemigos;
innumerables son los que me hostigan. R.
R. En el Señor confío y nada temo.
Toma en cuenta, Señor, todos mis pasos
y recoge mis lágrimas.
Que cuando yo te invoque, el enemigo
se bata en retirada. R.
R. En el Señor confío y nada temo.
Yo sé bien que el Señor está conmigo;
por eso en Dios, cuya promesa alabo,
sin temor me confío.
¿Qué hombre ha de poder causarme daño? R.
R. En el Señor confío y nada temo.

Aclamación antes del Evangelio Cfr 2 Tim 1, 10

R. Aleluya, aleluya.
Jesucristo, nuestro Salvador, ha vencido la muerte
y ha hecho resplandecer la vida por medio del Evangelio.
R. Aleluya.

 

Evangelio Mc 3, 7-12

En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, seguido por una muchedumbre de galileos. Una gran multitud, procedente de Judea y Jerusalén, de Idumea y Transjordania y de la parte de Tiro y Sidón, habiendo tenido noticias de lo que Jesús hacía, se trasladó a donde él estaba.

Entonces rogó Jesús a sus discípulos que le consiguieran una barca para subir en ella, porque era tanta la multitud, que estaba a punto de aplastarlo.

En efecto, Jesús había curado a muchos, de manera que todos los que padecían algún mal, se le echaban encima para tocarlo. Cuando los poseídos por espíritus inmundos lo veían, se echaban a sus pies y gritaban: “Tú eres el Hijo de Dios”. Pero Jesús les prohibía que lo manifestaran.

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Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.